domingo, 8 de julio de 2018

LA TRAMPA DE LOS EXÁMENES ESTANDARIZADOS EN LA EDUCACIÓN

Piensan que un examen elaborado por una agencia externa, y a veces ajena a la educación, es un buen indicador para detectar el nivel educativo de los estudiantes. Un examen bajo las mismas condiciones, en un tiempo y un formato determinado, fijo e inflexible. Esto lo creen a la par que elaboran los curriculos en base a competencias o conocimientos más prácticos, para la vida. ¿Contradicción o negocio? En este artículo hablaremos de...



LA TRAMPA DE LOS EXÁMENES ESTANDARIZADOS



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Era cuestión de tiempo que las auditorías llegaran al mundo de la educación y lo malo es que han llegado para quedarse. La ineficacia para poder medir un nivel educativo por medio de la customización en un momento en el que los estudiantes de todo el planeta han dejado de formar parte de un grupo homogéneo para ser completamente heterogéneos, víctimas de un mundo que va más deprisa que el campo de la formación. En el siguiente artículo voy a hablar de los principales exámenes estandarizados que el grueso de la sociedad tendrá que tomar en algún momento dado de sus vidas y que les etiquetarán para siempre de manera terrible, injusta y probablemente de forma poco afinada.

No sé cuándo ni donde nació esto. Dada la obsesión que hay en Estados Unidos con este tipo de tests, he de suponer que poco o mucho tuvieron que ver los americanos con la invención de estas pruebas. A España llegaron con la implantación de la LOGSE, si no recuerdo mal. Esto, en cuanto a la educación formal, en cuanto a la educación informal, los exámenes estandarizados de inglés llevan chupando del bote de lo lindo desde hace más tiempo, mucho más ahora en el contexto de un mercado globalizado.

Antes de meterme "a machete" a enumerar las desgracias de estos exámenes, voy a citar las pruebas que un profesional medio-alto nacido en una época como la de hoy tendrá que afrontar si quiere tener las más mínimas posibilidades de tener un futuro medio digno. Me enfocaré en España, ya que es mi país, pero cualquiera de los que nos estáis leyendo desde el extranjero seríais capaces de enumerar muchos otros ejemplos.

Educación Primaria y Secundaria:

PRUEBA CDI DE CONOCIMIENTOS Y DESTREZAS INDISPENSABLES: Este examencillo sacado de la manga por parte del Gobierno Regional de la Comunidad de Madrid se supone que mide los mínimos de los estudiantes de Educación Primaria y Secundaria de esta comunidad autónoma, lanzadera del desastre educativo en nuestro país. Ahí voy con el hacha...!



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Lo primero de todo es que esta prueba no mide otra cosa más que contenidos conceptuales aprendidos de memoria, muy en la línea de nuestros sistemas educativos y bien contradictorio con el desarrollo de competencias que propugnan. Lo gracioso es que no sólo es que midan únicamente conceptos, sino que ni de broma miden  los contenidos mínimos de una Educación Primaria y Secundaria. Es verdad que en este tipo de pruebas se suelen poner los típicos mapitas de España, algún tiempo verbal a conjugar o algunas preguntas de comprensión literal de un texto expositivo, pero de repente salen por peteneras y preguntan auténticas chorradas del tipo "Define que significa la palabra tararear" como si esto fuera un concepto clave de la muerte merecedor de una exposición oral de dos horas por parte de un maestro. Lo realmente cachondo de este examen es que la manera que tienen de enunciar los ejercicios que los niños tienen que hacer distan mucho de cómo se enseñan en la escuela y de los materiales que se utilizan. Por ejemplo, "¿Cuál es el número suma que se obtiene al realizar la adición cuatro mil setecientos veintitrés más ochenta y un mil novecientos cuarenta y dos"? Otra cosa que se hace mucho es poner como texto de comprensión lectora una biografía o un texto expositivo, cuando en estas dos etapas educativas, aunque más en Primaria, se pone un énfasis casi total en los textos narrativos o incluso poéticos por encima de artículos, reportajes o biografías. Finalmente, otro buen ejemplo de contradicción es que en Lengua Española apenas se les pregunta nada de gramática, mientras que los libros de texto empleados por muchos de los profesores de estas etapas de enfocan principalmente en la adquisición de las convenciones de la gramática española.

¿Y por qué? Bueno, yo no tengo pruebas sobre esto, pero más de una persona me ha comentado que la editorial encargada de realizar estas pruebas es una empresa ajena al mundo de la educación, es decir, una compañía que ni siquiera se dedica a la publicación de libros de texto o, al menos, no es esta su área de negocio principal. ¿Qué podemos esperar entonces? Algunas malas lenguas incluso hablan de que el dueño de esta empresa  era medio "cuñao" de la Esperanza Aguirre, el gran muerto viviente y virus de la educación española. Entiéndase por "cuñao" su significado moderno. Traducido: Conocido, pariente, amigo o enchufado a secas.

PRUEBA NACIONAL DE TERCERO DE EDUCACIÓN PRIMARIA: No tengo un conocimiento tan amplio de esta prueba como de la anterior. Solamente sé que es realizada por la misma empresa que la prueba CDI de la Comunidad de Madrid y que el examen es de parecidas características mas que adecuado al nivel y, por lo tanto, con los mismos errores.

A lo apuntado anteriormente habría que señalar que estas pruebas cuentan con un sesgo en cuanto a su ejecución y supervisión acojonante, a saber: 

- La inconsistencia en la dificultad de las preguntas: Por ejemplo, los dictados en la prueba CDI de sexto comenzaron siendo textos de nivel propio de alumnos de esa edad. Hoy en día, nos encontramos con una serie de oraciones sueltas rollo segundo o tercero de Primaria tipo "La cocinera hizo un arroz riquísimo". 
- Un sólo examinador por clase (normalmente una orientadora, PT o AL): E incluso he tenido conocimiento de directores que han tenido que aplicar ellos la prueba con el subsiguiente choteo en algunos pequeños casos y que han hecho que en el colegio del pueblo perdido de la mano de Dios del sur de Madrid se hayan hecho los putos amos de la Comunidad en cuanto a resultados.
- El chivateo: El hecho de que sea una "colega" la que vigila el examen y que probablemente ambos maestros estén en contra de pruebas de este tipo, hace que se preste mucho a  que uno chive y la otra mire por la ventana.
- Ausentes: No hay un día de "make-up" o de repetición del examen, por lo que si tienes una clase pequeñita en la que te falta el empollón de la clase...drama! Si por contra, te faltan los dos piezas...fiesta! Es una manera un tanto injusta de emborronar los resultados. A ello sumemos los casos de administradores que "promueven" que los nenes flojitos se queden durmiendo en casa ese día o la insumisión de algunos padres.
- Formato: Limitación de espacio para responder a las preguntas. Estos exámenes constan de un cuadernillo o pliego en el que no cabe la posibilidad de enrollarse o matizar. Si el alumno tiene la letra grande, ya está jodido. 



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¿Ha quedado claro?



Pasemos ahora al siguiente supuesto: Esos niños crecen y tienen que ir a la uni y en la  uni, si van a cursar un programa bilingüe o no digamos ya si van a estudiar en un país extranjero, les van a pedir un título oficial de inglés. Y en caso improbable de que se libren de hacerlo en la uni, tendrá que conseguirlo o bien para trabajar en una empresa pública o privada o para ganar puntos en unas oposiciones o vete a saber para qué. Es cuando toca hacer entonces las pruebas de la Escuela Oficial de Idiomas, el First, el CAE, el IELTS, el trinity o el TOEFL. Hablaré de los dos más recurridos, el CAE y el TOEFL para explicar cómo son este tipo de exámenes estandarizados de inglés, aunque imagino que en otros idiomas será exactamente lo mismo.

Educación informal: Exámenes estandarizados de idiomas.


CAE (Certificate Advanced in English): Este examen lo hace la Universidad de Cambridge y su formato podría calificarse como de puta locura total. El tipo de preguntas que ponen tienen un formato más destinado a volverte loco buscando el hueco en donde tienes que poner, no ya la respuesta, el número, letra o jodido código binario que de respuesta a lo que cojones preguntan. De este modo, te encuentras con unos pasajes de Reading en los que tienes que mirar de izquierda a derecha jugando poco más o menos al "¿Quién es quién?" para relacionar el fragmento con su autor. Hay una parte del Listening en la que tienes así como tres columnas en las que tienes que hacer más o menos lo mismo, pero mirando en simultáneo todas ellas. También el Speaking se realiza un día aparte con un desconocido que te asignan o que escoges tú por los pasillos, si no tienes la suerte o la desgracia de hacerlo con tu colega de la academia y poco menos que te ponen delante unas fotos de situaciones surrealistas en las que te tienes que hacer el guay y el super empático asertivo con tu compañero o compañera sonriendo y vendiendo que sabes.

Las principales quejas que tienen los alumnos/as que realizan el CAE (o su hermano pequeño, el First) es, no sólo ya el formato, sino la falta de tiempo. El tiempo es muy limitado y con todo y con eso, el examen se hace super largo y super exhaustivo. No te dejan concentrarte demasiado, porque tienes jovencitos teenagers supervisando el examen y pasando por tu puto lado cada dos por tres y siempre hay charanga con el volumen del listening...pero el tiempo, oh! esa es una de las principales quejas de las personas que toman este examen. Otra de los motivos de discordia es el contenido de los textos. Honestamente, nunca he entendido por qué coño para demostrar que sabes inglés no te pueden poner un fragmento de una novela o un artículo sobre perros o una opinión sobre un programa de TV muy famoso o una biografía sobre alguien archiconocido. No, tienen que ponerte un reportaje sobre el musgo rojo del Mar Muerto que se reproduce por unas esporas estudiadas con un microscopio con lentes hechas de vidrio metalizado de su puta madre. Sinceramente, no lo entiendo. No está de más, por el tema de que esos alumnos que alguna vez hemos tomado este examen algún día pudiéramos haber sido universitarios y tuviéramos que acostumbrarnos a ese tipo de textos académicos, pero en ese punto siempre me he preguntado...¿Y si Pepe el carnicero de mi barrio quiere sacarse el CAE para demostrarle a sus hijas todo lo que sabe de inglés? ¿Tiene Pepe la necesidad de tener que saber sobre el musgo rojo aquel? Yo pienso que no...Finalmente, otra de las quejas fundamentales de este examen de Cambridge es que en el Listening nunca llueve a gusto de todos. Esta es, sin duda alguna, la parte más jodida y no sólo porque las personas que hablan tienen diferentes acentos, cosa que me parece bien, sino porque sus conversaciones no siempre van correlativas con la respuesta que te da el examen (hay inversiones) o porque hablan muy rápido y a diferentes tonos de voz. Insisto, aquí la principal queja suele ser que nunca llueve a gusto de todos y el tema del volumen en esta prueba, suele ser objeto de hostias a veces en el aula.

TOEFL: Y llegamos a mi "favorito", el puto TOEFL. Este examen, elaborado por una empresa privada, que no universidad, llamada ETS, sirve básicamente para examinar a los estudiantes de todo el mundo que quieren estudiar en una universidad americana. A  diferencia del CAE, no es un examen que se aprueba o no se aprueba, este puto examen lo que hace, igual en ese sentido que el IELTS originalmente australiano, que mide tu nivel de inglés con un número y poco menos que se la pela el numerito que te pidan a ti en tu universidad o en tu trabajo, ya que también a veces se utiliza en muchas compañías americanas en el proceso de selección. 

Este es, sin duda, el examen de inglés más difícil y descaradamente cabrón de todos los que existen. Este examen está hecho única y exclusivamente para sacar pasta. No sólo es el más caro, hasta donde yo sé, sino que su formato en algunas partes hace que sea más una prueba de velocidad, al igual que el CAE es un examen de técnicas de estudio, que de inglés. 
Primeramente, las condiciones en las que se hace este examen son infrahumanas. Es un examen que se hace en ordenador en su totalidad, lo cual ya crea sesgo, puesto que ni todos estamos acostumbrados a leer en una pantalla, ni todos son hábiles con un ratón, cursor o teclado. Se lleva a cabo en una sala de informática petadisima de gente y en la que, sobre todo si lo haces en los Estados Unidos, encontrarás gente de todas las nacionalidades, algunos con un tono de voz exacerbado que, llegada la prueba de Speaking, gritarán en vez de hablar jodiendole al de al lado su examen, debido a la falta de concentración. Se supone que esta mierda la hacen porque quieren que te veas en un contexto cafetería hablando en inglés, pero a los señores de ETS se les escapa que ni en el Starbucks se habla con las voces con las que se habla en ese examen, ni tampoco en el Starbucks la gente habla en 45 segundos sobre si prefieres la comida mexicana a la hawaiana dando dos razones y ejemplos de por qué, no importa si en tu puta vida has probado un tamal o un bol de poke. 
Si en el CAE los textos eran surrealistas, aquí ya son de ver unicornios bailando con caballitos de mar. En el TOEFL todo es rollo las técnicas de destilación usadas con los anillos de los árboles para la determinación de su edad o la cantidad de carbono utilizado para determinar la salinidad de un pequeño mar en el que una especie de peces verdes exóticos se mueven a sus anchas alimentándose de plancton. Si sobrevives a un Reading así, luego te espera un listening en el que literalmente te romperán la mano tomando notas sobre las 4 o 5 lecciones magistrales sobre temas unicornianos similares por parte de un profesor o profesora de universidad. Si consigues entender tu propia letra después de eso, tampoco servirá para nada, porque tendrás 10 minutos para contestar un bloque de 12 preguntas en los que ni te dará tiempo a mirar tus apuntes. A veces podrás encontrar hasta dos y hasta tres bloques. Tras un cutre descanso de 10 minutos, en los que mearás y poco más, llega la reina del TOEFL, el speaking, en donde si logras abstraerte del ruido de los chinos o de los indios berreando, tendrás 6 preguntas a contestar en un minuto o 45 segundos cada una y en las que sencillamente no existen criterios de evaluación más que lo que le salga de la polla a los que te quieran escuchar, si es que te escuchan, porque ya de las últimas hay un reconocedor de voz que te corregirá parte de esta prueba oral en la que básicamente tendrás que dar tu opinión sobre temas inhóspitos o resumir un artículo y una conferencia de un doctor universitario con todo lujo de detalles en 60 segundos o dar tu opinión sobre un tema de vida universitaria que desconoces por completo ante una conversación de dos americanos que después de hablar de lo mal que les parece que agranden la biblioteca probablemente se vayan a una orgía en la que corra el ponche. Y si aún te quedan ganas, tendrás que hacer un par de composiciones a toda hostia y de doscientas o trescientas y pico palabras, pero no sobre tu opinión de nada. Otra vez, vuelta a lo mismo, sobre lo que cuenta un profesor universitario que no está de acuerdo con lo que pone en un artículo o libro de texto sobre otro variopinto tema  en el que vuelan los caballitos de mar y los colorines. 

El problema del TOEFL es que es un examen que, al igual que el CAE, NO mide tus conocimientos de inglés. Lo que hace es medir tu rapidez y tus técnicas de estudio. Es un examen en el que dependiendo en qué época y país hayas nacido, se te dará bien o mal, ya que tendrás que tomar apuntes, subrayar y literalmente correr para responder. Si se te cae un puto lápiz al suelo o toses en cuanto desaparece de la pantalla la pregunta de speaking, habrás suspendido, porque es un examen en el que el margen de error o distracción es 0. Si no pasas este examen estandarizado con las notas que te requieren en tu trabajo o en tu empresa, no habrá posibilidad de revisión. Y si consigues que te lo revisen, previo nuevo paso por caja, te informarán por teléfono, cuando tú les llames, ya que nadie te lo notificará que no te subieron la nota. Cuando preguntes por qué y en qué tienes que mejorar, te dirán que ni puta idea. ¿Por qué? Porque la gente de ETS no te va a hacer un reporte individual de en qué fallaste o en qué acertaste, como están obligados a hacer los correctores de Cambridge en el CAE o en el First. ¿Y por qué no te lo hacen? Porque nadie les protesta ni les llama perros judíos a la puta cara...mientas tú pagues, ¿pa qué?

En resumidas cuentas, los exámenes estandarizados de inglés NO miden tu nivel de inglés por el formato que tienen, que al igual que los demás exámenes estandarizados, tendrás que memorizar y practicar, normalmente a base de gastarte más perras en sus libritos de tests de práctica. Tampoco miden tu nivel de inglés, sino tu rapidez y tus técnicas de estudio, dado que el tiempo es tan ajustado que NO se adapta a las particularidades, ni al ritmo ni al estilo de aprendizaje de cada cual, algo que contradice por completo el nuevo paradigma educativo que se propugna desde esas mismas fuentes. Tampoco su proceso de ejecución es garantía de consecución de un nivel de inglés que refleje la realidad, ya que las exageradas medidas de seguridad hacen que o bien te agobien constantemente vigilándote o bien te suelten en una sala de informática atestada de gente en la que la concentración se disperse con toda la facilidad del mundo, sesgando los resultados. 



Como veis, los exámenes estandarizados, tanto en el ámbito de la educación formal como de la educación informal son una auténtica trampa por todas las razones enumeradas: Agencias externas que realizan el examen, formato, limitaciones de tiempo, condiciones de examen no adecuadas en aulas masificadas, problemas técnicos o de ejecución, no correspondencia entre lo preparado y lo que se pregunta y un largo etcétera. En todo ese camino, los billetes de euro vuelan, todos se enriquecen y se tiene la excusa perfecta para etiquetar tu nivel educativo en una dirección o en otra...ah! Y a todo esto no hemos ni hablado de qué pasa con los alumnos que se ponen nerviosos ante estos exámenes, los que necesitan adaptaciones o a los que les surge un imprevisto...se joden y punto. En todo ese proceso, gente corre el riesgo de no poder ingresar en la universidad que quieren, buenos candidatos pierden la posibilidad siquiera de participar en un proceso de selección o sencillamente esa calificación queda en tu CV sea ficción o sea realidad. 

Decidí escribir este artículo hace ya algunos meses. Nunca en mi vida he suspendido un examen y, cuando lo he hecho, lo he recuperado después. He trabajado tres años como maestro bilingüe en Estados Unidos y, tras la finalización de mi programa, he tenido la posibilidad de extender mi contrato. Todo estaba preparado, la extensión de mi visado concedida, el contrato prolongado, las cartas de recomendación, las credenciales, las tasas (por supuesto) y hoy escribo años después mi primera entrada desde España. Tuve que volver a mi país con un nivel C1 de inglés (avanzado) con una mano delante y otra detrás tras presentarme 6 veces al TOEFL. A pesar de aprobar con mucho esfuerzo todas y cada una de las destrezas, no logré pasar el speaking, mi mejor parte en la vida real, por un punto. Se me requería 24 y en las 6 veces los señores de ETS me pusieron un 23. No importa si lo hacía bien, ya que hubo veces de clavarlo, no importa si lo hacía mal, ya que hubo veces de quedarse callado, siempre 23, ¿extraño verdad? En el año 2017 todos los compañeros que se presentaron a ese examen, no importa que hablaran mejor que yo, igual o como el puto culo, lo lograron pasar. En el año 2018, solo con los dedos de una mano, se pudo contar la gente que pasó. ¿Tendrá algo que ver la política anti-inmigración de la Administración Trump? ¿Será cuestión de cupo? ¿Será un hijo de puta el mismo que me corrigió en aquellas 6 ocasiones? Nunca lo sabremos. No importó lo que hice. No importaron los libros que compré para practicar, ni la cantidad de clases particulares que tomé, ni los tutoriales que vi, ni las horas que le dediqué, tampoco la cantidad de cientos de dólares que pagué ni el empeño que le puse. No importa tampoco que sea difícil de creer que sacara la misma nota desde enero de 2018 hasta junio del presente ni que sea imposible que no lograra alcanzar ni el más mínimo progreso en todo este tiempo. Lo que importa es que estoy fuera. Un punto me devolvió a mi antiguo trabajo en mi país y rompió con mi sueño americano. 


Podemos tomarlo con filosofía, trato...o podemos pensar que el autor de este artículo tenía algo que decir sobre la gran TRAMPA de los exámenes estandarizados que miden la educación de hoy en día.  



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domingo, 7 de enero de 2018

LA AUTO-EXCLUSIÓN, LA EXCLUSIÓN FORZADA Y LA EXCLUSIÓN DIRECTA: TRES MANERAS DE APARTARSE DE LA GENTE


A lo largo de estos años he aprendido mucho sobre relaciones de trabajo, amistad, pareja, rolletes y demás. Hoy voy a hablar de tres aspectos de una filosofía propia de entender la amistad que he ido elaborando y que, en realidad, podría extrapolarse a cualquier ámbito de la vida, ya sea en lo personal o en lo profesional.

No hay mejor manera que aprender a base de hostias en esta vida. Desgraciadamente y por duro que suene, el ser humano es el único animal racional (supuestamente), pero también el único que tropieza una y otra vez con la misma piedra, cosa que ni con las cobayas de laboratorio ocurre. Ese aprendizaje se produce cuando uno es consciente de lo que está pasando y decide no tropezar más o poner los medios para que eso suceda lo menos posible.

Y desafortunadamente, como vengo reivindicando en este blog, vivimos en un mundo cuyo único y gran problema es el egoísmo. Somos egocéntricos por naturaleza. Buscamos nuestro propio beneficio para sobrevivir. Un altísimo porcentaje de nuestra interacción con otras personas tiene como fin buscar nuestro beneficio propio. Este beneficio puede ser desde algo "sano" como es buscar diversión o compañía hasta algo tan egoista como que me paguen las copas o me hagan un gran favor de gratis.

Esto es, a su modo, como el amor. El hombre macho es infiel por naturaleza. Puede utilizar toda su energía en gestionar sus emociones para inhibir su instinto, un instinto que, nos pongamos como nos pongamos, es el de cubrir al mayor número de hembras posibles. Es el rol que en la naturaleza desempeñan muchos animales y que obviamente los homínidos pasamos toda la vida tratando de burlar para no dañar a nuestras parejas femeninas, tal como debe ser desde el punto de vista de la moralidad y de los valores humanos universales. Bien, pues en el caso de la amistad, parece como que esa inhibición se produce cada vez menos depende en qué culturas. Y al tratarse de un tema de valores, de educación en el respeto, de solidaridad y otras muchas actitudes bien "pasadas de moda", como que nos la pela con un cuchillo ya ni siquiera el disimular y nos mostramos tal como somos, putos egoistas que destruyen a su paso todo lo que encuentran desde naturaleza, animales, plantas, objetos y, por supuesto, personas.

Esto no es ni más ni menos que lo que algunos llaman equivocadamente "personas tóxicas". Yo creo que las personas tóxicas son un escalón aún mayor. Yo simplemente hablo de personas egoístas. De hecho, me da la impresión de que tal es nuestro desconcierto en los tiempos que corren que muchas personas ni se dan cuenta de que lo son y que para ellos su modo de actuar es perfectamente justificable. Esto es así, porque probablemente el egoísta no solo nace, sino que también se hace. Y de eso no nos salvamos ninguno, viene en nuestros genes y simplemente hay gente que tiene la capacidad y la voluntad de inhibirlo más y gente que ni se  molesta en taparlo.

Hoy voy a hablar de tres maneras de apartarse de esas personas. Tres modos de dejar a un lado a una persona o a un grupo de personas con las que tienes una amistad o puedes llegar a tener una amistad: La auto-exclusión, la exclusión forzada y la exclusión directa.

LA AUTO-EXCLUSIÓN: Esta manera de apartarse de la gente con la que en principio tienes algo en común, un curso, unos intereses comunes, un trabajo, una cultura, un espacio común...es un modo de exclusión motivado por unas escasas dotes de socialización que te impiden mezclarte con el grupo, hablar de manera distendida, intentar ser popular, destacar, adaptarte a él. Esta manera de auto-exclusión se produce en personas tremendamente tímidas a las que les da miedo "quedar mal" o sentirse rechazados. También puede producirse entre personas cuyo auto concepto o auto estima es bajito y ellos mismos creen que no van a encajar en el grupo y terminan por desistir en sus livianos intentos por adaptarse. Finalmente, puede suceder también entre sujetos que, aunque tienen buenas habilidades sociales o se saben bandear en las relaciones, no ven que puedan compartir nada con la gente y sencillamente se apartan. Esto último sucede cuando se inicia la relación, no tanto cuando es persistente en el tiempo.

Pasamos a la siguiente. Por cierto, estoy utilizando unos términos bastante elaborados, pero que son de mi puta invención, por lo que insisto en que todo esto es mi propia teoría y no está necesariamente basado en nada científicamente probado, aunque probablemente algo o mucho de cierto haya en lo que estoy contando.

LA EXCLUSIÓN FORZADA: Esto sucede cuando no es uno el que se va sino cuando "es expulsado". Esto es muy habitual en grupos manejados por un lider o varios líderes explícitos o a la sombra. Dicha exclusión se produce cuando uno no encaja en los estándares de grupo que el propio líder establece en su mente de pez gordo y se crea una corriente de opinión negativa hacia esa persona. Esto a veces sucede o porque la persona excluida es jodidamente insoportable o le ha fallado al grupo o porque se buscan excusas para apartar a la persona que no sigue el patrón de los  demás o no va por la vereda marcada por el líder o líderes.

Voy a poner un ejemplo personal de esto. Mi infancia está repleta de ejemplos de exclusión forzada, pero quizás el más ilustrativo es cuando sistematicamente yo era rechazado una y otra vez para jugar al fútbol con mis compañeros (que no amigos) de colegio. Las pocas veces que jugaba, jugaba de portero, porque nadie lo quería ser, pero cuando participábamos en algún campeonato, se trataba de algo serio o símplemente si había niños de otras clases compitiendo, yo calentaba banco como un campeón y lo peor de todo, es que lo veía lógico, ya que yo era patético jugando al futbol. Posteriormente reflexioné y me di cuenta de que aquello se parecía más a las putas pruebas para ingresar en el Real Madrid que una pachanga entre chavales y empecé a engendrar odio hacia esos mismos personajes y hacia ese tipo de exclusión.







Pero la exclusión forzada también se produce en otros ámbitos de la vida. No soy un hombre casado, pero sí sé y mucha otra gente me ha contado que en el momento en el que alguien se echa pareja o se va a vivir con la misma, o incluso a veces sin nadie, a otro barrio, a otro pueblo o a otra ciudad (no digamos ya a otro país), se deja de contar con esa persona. Esto último puede ser a veces un caso de autoexclusión; pensemos en cuántas veces habremos perdido colegas que han sido "abducidos" por víboras y nos han dejado de lado, aunque también puede tratarse de una exclusión forzada de tomo y lomo. Se hace la falsa asunción de que si el chaval, que ahora vive en Móstoles, no baja a bar con los colegas del barrio, ya hay que darle por perdido. Se supone que no va a coger su coche y va a subirse al norte para echa unos botijos rápidos o ver el partido. Insisto, en muchas ocasiones esto es así (autoexclusión) y en otras no (exclusión forzada). Y esto tiene que ver mucho con aspectos culturales propios de nuestro país. Mi zona de confort = mi barrio.

LA EXCLUSIÓN DIRECTA: Esta es mi favorita. Puede parecer similar a la auto-exclusión, pero es muy diferente. En la auto-exclusión intervienen aspectos intrínsecos de la personalidad que bloquean al sujeto para poder ser él mismo y mostrarse tal como es o simplemente existe una desconexión con el grupo que hace que seas tú el que te marches, aunque no quieras marcharte del todo. En la exclusión forzada es a ti a quien te echan, bien porque la has cagado o bien porque el líder te señala con el dedito. Sin embargo, esta manera de apartarse de la gente es absolutamente voluntaria. Consiste en lo que se ha venido diciendo "apartarse de la gente tóxica" o que no tiene absolutamente nada positivo que aportarte. Bien, ya he dicho antes que no coincido con esto, con mucho de los libros de auto ayuda o los artículos de pacotilla que publica Don Nadie en la revista "A mí que me importa". Yo lo explicaría de la siguiente manera.

Consiste en tener valor. Cuando uno madura y se empieza a querer a uno mismo (creo que nos cuesta querernos y no sé si hay personas que se llegan a querer a sí mismos al cien por cien de verdad), uno empieza a ver cosas raras. Puede parecer que este tipo de exclusión directa se produce mucho, pero de veras que no se produce mucho. Creemos que dejamos de lado a los demás, cuando de lo que se ha tratado ha sido de una auto-exclusión. Pensamos que ha sido una exclusión directa cuando probablemente ha sido una exclusión forzada. No, amigos...no hay mucha gente que tenga las santas pelotas para coger el toro por los cuernos y proceder él mismo a la exclusión directa. Este tiene que ser nuestro fin. Lo deseable sería que todos nos llevásemos bien y en verdad es más fácil llevarse bien que mal, pero vivimos en un mundo de egoistas. Creo en las segundas, terceras, cuartas, quintas y múltiples oportunidades, pero uno tiene que tener claro hasta donde está dispuesto a aguantar.

La exclusión directa es un fin en sí mismo, porque si se hace bien, es porque tú mismo te has liberado de tus miedos, de tus fantasmas, de tu manera políticamente correcta de hacer las cosas una y otra vez. No creo en el "ojo por ojo y diente por diente", así nos va. Sí creo que hay gente que no se corta y gente que sí nos cortamos. Hay gente con mucho papo y gente que no tenemos papo. Eso es una diferencia entre los unos y los otros que se llama HONOR. Desgraciadamente tenemos que convivir con personas poco honorables. No podemos vivir en nuestra burbuja, porque somos animales sociales, esto es lo que nos diferencia en parte de algunos animales. Precisamente por eso llega un momento en el que toca elegir a quien quieres conocer y a quien no, con quien puedes contar y con quien no, quienes son tus amigos y quienes no...en qué categoría metes a cada uno o directamente a qué contenedor lo tiras.

Hay personas que somos realmente estúpidas y que no perdemos la fé en la humanidad, porque quizás eso ya sea lo último que nos quede. Lo cierto es que mucha gente se aprovecha de la bondad de esas personas y creen que les pueden tratar como a los demás, de manera egoísta, sin que nada pase. Pues no, hay personas que somos sensibles y que no nos gusta que nos fallen. Tal vez a ti no te importe fallarle a los demás, a mí sí. Quizás estés acostumbrado a fallarle a la gente y que no haya consecuencias, yo no soy así. Puede ser que veas natural el utilizar, literalmente, a la gente a tu gusto, yo no. Cabe la posibilidad de que ni siquiera ya te importe el fallarle a alguien y quedarte sin él, porque tienen mucha gente de la que disponer, a mí sí me importa. Esto es lo que diferencia a la gente con valores de la gente sin valores.

Yo podría contar miles de anécdotas de gente que me ha fallado a lo largo de todos estos años. Probablemente eso daría para un libro de varios tomos. Quizás por eso, me pongo mi coraza de acero y me hago difícil de conocer, no digamos ya para entablar una relación amorosa. La verdad es que todo esto sí me ha servido para algo positivo y es a ser más práctico. Y aunque ando en proceso, creo que empiezo a ver la luz: La meta a llegar es la exclusión directa. Y ya voy haciendo unos cuantos avances.

¿Por qué tienes ser tú siempre el que proponga los planes? ¿el que mande un mensaje para ver si se sale o no? ¿por qué demonios sólo tú te tienes que interesar por cómo están los demás? ¿alguien se interesa por ti? Vivir en sociedad significan hechos, no palabras. El movimiento se demuestra andando.

Así que la próxima vez que te regalen el oído diciendo que vais a quedar y vais a hacer esto y lo otro, ten siempre un puto plan B, incluso un C antes de salir de casa, si es que sales y no te mandan antes el típico mensaje anulando planes.

Esa tía que quieres conocer más y te deja plantado a última hora, porque le salió mejor plan con otro o está de resaca. ¿Me esforcé yo en evitar beber para poder estar bien hoy contigo? Sí. Si tú no lo hiciste, no hace falta hablar más, porque no eres para mí. 

Ese colega que te falla a última hora para salir de fiesta, porque está cansado o porque tiene que hacer algo que puede hacer el cualquier otro momento. Ese colega que se pone de repente enfermo o que no saca tiempo pa ti ni pa Dios, ni para contestar tus mensajes. ¿Acaso está habiendo reciprocidad? La basura, al contenedor.

Amar significa no tener nunca que pedir perdón. Algo así decía la protagonista de "Love Story". Y aunque pueda parecer la cursilería del siglo, la gente crea sus propias cribas. Nadie hace la criba, la criba se hace sola. Si una persona a la que ni siquiera conoces (pongamos una cita a ciegas) o con la que no hay suficiente confianza, pero que quieres conocer, te falla a la primera de cambios, ¿qué podemos esperar de esa persona en el futuro? Esto, como decía al comienzo de mi artículo, se puede aplicar a cualquier ámbito de la vida, en el trabajo o en los negocios. 








En conclusión, la exclusión directa significa sacar la basura al contenedor. No se trata de disparar sin escuchar a quien tiene que pedir perdón de corazón. No se trata de ser inflexible con quien ha fallado de veras. Se trata solo de ser práctico con las personas que no generan confianza. La confianza no viene incluida en la persona, hay que ganársela. A pocas personas les he fallado yo en esta vida, seguramente se cuenten con los dedos de una mano, pero por cientos de miles a las que me han fallado a mí. Ver como normal lo que es habitual, no convierte los fallos de los demás en algo normal, esta idea la hemos repetido mucho en este blog. Ser exigente con quien no puede, es injusto, pero ser blandito y condescendiente con quien no le da la gana de aprender de sus errores, es maleducar.

La exclusión directa tiene que ser la meta sobre la que también se forjen las personas con valores del siglo XXI. 


sábado, 30 de diciembre de 2017

SOY GILIPOLLAS

SOY GILIPOLLAS

(Bye, bye 2017)







Soy gilipollas…quizás sea fuerte empezar diciendo esto, pero lo soy.

Soy gilipollas por creer que un mundo incinerado por las llamas del egoísmo tiene aún esperanza. Gilipollas por creer a ciegas en los valores humanos que nadie puede ver. Gilipollas por poder ser capaz de discernir entre el bien y el mal. Gilipollas por no pegarle un jalón a la oportunidad, eclipse para algunos, luz del día para los más picaros o espabilados. Gilipollas por ir tan lento, siempre a remoque de una vida que pasa de largo demasiado rápido. Gilipollas por creer en las personas, que son sólo productos estratégicamente colocados en las cintas correderas. Gilipollas del tiempo que es hoy. Gilipollas del espacio, que es cada vez más ancho. Gilipollas de ver el problema como propio cuando el problema es de los otros. Gilipollas por no valorar lo que de verdad importa, cegado por la corriente de aire obscurecido que no cesa. Gilipollas por no besar cada día la mejilla de quien me dio la vida. Gilipollas por no cuidar la flor que muere dentro de nosotros cada día. Gilipollas por dejarme casi siempre llevar por el ventarrón de la vulgaridad que me hace preocuparme por los vulgares y me lleva con ellos como a una hoja amarillenta del otoño.

Soy gilipollas por esforzarme en educar generaciones del siglo XXI capsulado en el prisma sin salida del siglo XIX. Gilipollas por enaltecer la importancia del esfuerzo en un mundo al que le cuesta el sólo hecho de parar para pensar. Gilipollas por cansarme y dar la papilla indigerible masticada y escupida sólo para ser rechazada por apetitos caprichosos o bebes balbuceantes. Gilipollas por hacer lo que viene escrito de un dictador y continuar siendo su manijero. Gilipollas por darle crédito a la receta de un mal cocinero. Gilipollas por sentirme culpable de no implantar lo que nadie siquiera se plantea. Gilipollas por ser el listo de entre los listos, aquel que se moja mientras los demás miran y ríen arrecostados desde la hamaca con la ropa de baño aún seca. Gilipollas por ser siempre el malo de una película no dirigida por mí. Gilipollas por gritar en el vacío y sólo escuchar el eco que me llama “gilipollas”. Gilipollas por darme masajes que desenredan y por sentirme renacido cuando mi cerebro se refresca y el óxido se desprende de él. Gilipollas por esperar una palmadita que nunca llega y que, cuando llega, empuja hacia las llamas, aunque parezca que reconforta y alivia como el mismo paraíso. Gilipollas por confiar en las capacidades humanas, siempre por debajo de las propias tuyas, lo que te hace sentir el genio de los gilipollas.

Gilipollas por sentir como tus amigos a las mismas víctimas de la mácula egoísta de la nación. Aquellos a los que se les llena la boca con una palabra demasiado grande. Amigos que no demuestran. Amigos que no te buscan. Amigos que sólo esperan a ver de dónde vienen hoy dadas. Amigos que no te mezclan con sus amigos. Amigos que siempre buscan algo de ti. Amigos que absorben tu sangre. Amigos que viven despreocupados, mientras tú te pierdes en el jardín. Amigos que quieren serlo, pero que tú desechas como un clínex, al no estar a la altura de los mocos de los otros. Amigos que sólo esperan el amanecer de unas piernas abiertas en las que echar el ancla de sus vidas (para luego desaparecer). Amigos que hace tiempo te dieron la carta de despido y que guardas benévolamente en el cajón del patrón amable. Amigos que te hacen doler tu hígado frágil. Amigos por un día, por unas horas, por una noche, y sólo esta noche.

Soy gilipollas por aún creer en palabras y promesas de mujer. Pensar en que una mirada significa algo, en que una palabra ñoña es un indicio y en que la promesa de vernos pronto podrá cumplirse. Y es que siempre habrá otro más que se adelante, alguien al que ascenderán a la parte superior de la lista de espera. Entonces puede que el verde cartel luminoso de “libre” cambie a “ocupado” en cuestión de segundos. No habrá aviso; te quedarás esperando y bien vestido en el sofá de tu casa mirando el móvil como un puto gilipollas. Escribirás y te contestarán con excusas baratas y, dependiendo del día, harás como si nada sucediera sólo para mendigar una segunda oportunidad, contestarás con rabia y le darás el perfecto pretexto para quedar tú como culpable o pirómano del incendio o simple y, más probable, la ignorarás y la llamarás “hija de puta” en voz baja mientras buscas un plan B para no arruinar la noche o simplemente abres una cerveza y te dedicas a perder el tiempo delante de la pantalla de tu ordenador portátil, tal cual, como un patético gilipollas.

Soy gilipollas por ser cómplice de sus locuras. Hay que ser realmente gilipollas por salir con mujeres taradas de segunda mano tan solo a escuchar su monólogo, tan sólo contemplando en qué momento, si se da el momento, puedes recoger las sobras y llevártelas a casa para comértelas a escondidas. Soy gilipollas por aceptar permanentes e imposibles evaluaciones nunca recíprocas en las que insisto en participar cuando cuido mis palabras y peino al león enjaulado. Mucho más gilipollas por pensar que los caballeros sin traje, deportivo ni un buen fajo en la cartera son capaces de seducir a alguien ni siquiera de ser percibidos como tales caballeros, más que como “pagafantas”, “amigos gay” u “hombrito donde llorar” (sólo esta noche). Gilipollas por bajar la guardia y sólo mostrar la cara amable tras el escudo invisible. Gilipollas por percibir los gestos de tensión, las miradas esquivas, las palabras que despistan, los distractores cuyo fin es esquivar, las conversaciones sin vida, escuchar el sonido de los mensajes que no cesan y jugar el rol de hombrecito comprensivo que entretiene a la dama por una noche, sólo esta noche y nunca más, siempre confirmado en la eterna despedida.

Debo ser gilipollas por aspirar a mujeres imposibles. Mujeres de otro milenio. Mujeres en cuya delgadez me pierdo. Mujeres en cuya juventud imploro. Mujeres cuyas extravagancias me hacen volar, desde las gafas negras de pasta hasta los tatuajes imposibles o los tobillos al aire. Mujeres reales que están detrás de la pantalla del Tinder. Mujeres adolescentes o muñequitas de plástico duro de la mano de homo-heteros que podrían darte una lección de sexo. Mujeres de alma resquebrajada con macheritos gruñones y discutones que las ponen a cien con más tatuajes, sus barbas de hortera o sus cuerpos esculpidos en sus franquiciados gimnasios. Debo ser gilipollas por conformarme con los subproductos de  semejantes princesas. Princesas que están mucho mejor calladas y que cuando hablan, rompen el hechizo. Princesas endiosadas que no merecen menos que un cuerpo bonito, a veces ni eso, y un diálogo que sigue la corriente, que rara vez diga “no”. Más tarde, princesas que lo fueron, y que se auto lesionan buscando permanentemente el “no”, aunque luego sea “sí”. Soy un soberano gilipollas por perderme eso.

Gilipollas por escribir con la fuerza de la naturaleza y apenas limar los cantos rodados de los ríos. Gilipollas por poder cambiarlo todo tan sólo con abrir el libro de mis palabras. Gilipollas por no convertirme en la voz del pueblo. Gilipollas por ser un blogero más dispuesto a contar historias tristes y nunca alegres. ¿O quizás no?

Quizás me alegre de ser un gilipollas y, aunque espero de corazón ser un poco menos gilipollas el año que viene, es muy probable que lo siga siendo, ¿acaso es tan malo ser un gilipollas como yo?

Felíz año nuevo.
Felíz gato nuevo.

domingo, 14 de mayo de 2017

"MI HIJO VA A REPETIR"...¿ESTÁS SEGURA DE ESO?

"MI HIJO VA A REPETIR"...¿ESTÁS SEGURA DE ESO?


Estamos llegando al final del curso escolar y muchos padres se preguntan a estas alturas si su hijo repetirá curso o no, cosa que yo hay veces que hasta dudo, porque muchos ni nos preguntan ni se interesan lo más mínimo por su hijo o, si lo hacen, se suelen pasar nuestros consejos por el "Arco de Trajano" o sencillamente sucede que no saben aplicarlos, aunque tampoco piden ayuda.

Es habitual que aquellos niños o niñas que están en riesgo de repetir el año suelan conseguir malas calificaciones no tanto a su falta de inteligencia, por no ser competentes o por un déficit en cuanto a sus capacidades sino por una falta de esfuerzo, ocasionada por las causas que fuere (aquí no decimos que el niño sea el culpable al 100%, pero tampoco que sea un completamente inocente). Como en todo hay excepciones. Lo que está claro es que el candidato en sí no cumple con los requisitos mínimos para poder superar el curso escolar y se hace que lo más aconsejable es que repita el curso. Sin más.

Ahora bien, ¿Vale para algo repetir curso? Este es un debate instaurado en la sociedad desde hace tiempo, pero especialmente agudizado en los últimos años en los colegios siendo agrio objeto de debate entre administradores, maestros, padres, sociedad y medios de comunicación. Es un tema que entra dentro de esas "nuevas inquietudes" que tan agudas se han vuelto en los últimos años como el tema de "deberes sí/deberes no" siendo los argumentos a favor y en contra de lo más dispares posibles. En este artículo voy a dar mi opinión como profesional de la educación y también, si cabe y si me es posible, como ciudadano sin hijos que ve desde fuera lo que pasa hoy en día con los niños en casa, en la calle y en la escuela.

Como siempre pasa cada vez que hablo o escribo sobre educación, el problema ante el que nos encontramos es el sistema educativo. Nuestro sistema educativo, como una gran mayoría de los sistemas educativos del mundo, contempla la posibilidad de retener a un alumno cuando el grado de consecución de las competencias o estándares de aprendizaje de turno no se han desarrollado de manera satisfactoria.

Si cogemos al pie de la letra los fragmentos que recogen en las leyes educativas el tema de la repetición llegaríamos a la siguiente conclusión.

¿Cómo va a repetir curso un niño que no tiene adquirido el suficiente nivel de desarrollo de las diferentes competencias básicas en un sistema educativo que supuestamente trabaja por competencias, pero que en la realidad sólo trabaja por contenidos? Traducido para los no eruditos. Según la ley educativa, por ejemplo en España, todos deberían repetir, porque nadie es enseñado en base a las competencias básicas, que nos orientan a un aprendizaje puramente práctico, sino que en la realidad, se enseñan simplemente contenidos a tragar y vomitar sin cuchara.

Pero como uno parte de esa premisa, se va a la siguiente parte, los estándares de aprendizaje, estos sí bien enunciados en forma de evaluación de contenidos memorísticos puros y duros. Esos son los referentes reales y, si me apuran, ni siquiera, ya que los referentes siguen siendo los contenidos en sí ("¿se lo sabe o no se lo sabe?") o, como mucho, los criterios de evaluación. Realmente si viéramos a muchos de los maestros corregir y tomar decisiones respecto a la evaluación, alucinaríamos con los procedimientos: Tan sólo una calculadora para hacer las medias y el criterio subjetivo, sin más.
Dicho lo cual, entonces sí, entonces tomando como referencia lo que se toma como referencia ("no sabe nada", "se porta fatal", "nunca trae los deberes hechos", "no está maduro para pasar"...), se toman las decisiones sobre si pasar o no pasar al alumno de curso.

Y aquí viene la tormenta....

El 70% de mis problemas en el mundo de la educación comenzaron (hace 10 años), fueron y continúan siendo a día de hoy el tema de las repeticiones. Y sí, en un mundo condescendiente, en un mundo sobre protector, en un mundo cargado de falsedades, doble rasero, opiniones que vienen y van de gente ajena a este mundo de la educación o profesionales que a lo más que han entrado a un aula ha sido a observar si aquello que tenían en mente que iba a pasar sucede o no sucede en el aula (profecías auto cumplidas)...en ese mundo en el que me ha tocado vivir, digo, sin esconderme, aunque para algunos parezca o sea un delito consumado, que YO SÍ CREO EN LA REPETICIÓN (¡hala! con mayúsculas para que suene más ofensivo).






El problema de la repetición no es otro más que es una medida que se puede tomar según recoge la legislación. Muchas veces he pensado que si dicha medida no fuera recogida en una ley educativa, entonces la mayoría de mis problemas laborales desaparecerían como un cometa en la noche de un cielo estrellado para mi paz y tranquilidad, pero lo cierto es que esa medida sigue ahí.
Lo cierto es que si la filosofía va a seguir siendo que el niño aprenda innumerables listas de contenidos de memoria y sí el niño no lo hace, deba repetir, entonces sí creo en la repetición, aunque no crea en esa filosofía, lo cual es difícil de entender, ¿no?

Después está el tema de la justicia. Si de lo que se trata es de medir los conocimientos de los unos y de los otros por medio de exámenes y otra serie de instrumentos (en la práctica sólo exámenes para la mayoría de los profesionales), sería normal que los que pasan esta "selección natural" (que es lo que al final es) pasen a la siguiente ronda y los que no, no. Otra vez: No estoy de acuerdo con que ese deba ser el "modus-operandi" de la evaluación educativa, pero lo es. Que yo no esté de acuerdo no significa que si me viene impuesto, deba hacer mal mi trabajo. Y es eso lo que quizás a ninguno nos guste de él, ser brazos ejecutores de algo que no nos gusta de por sí.

Dicho lo anterior, si estas son las premisas, ¿por qué existe este empeño en los colegios de hacer mal el trabajo?

En mi carrera como docente me he encontrado un muro de hormigón a la hora de proceder a tomar la medida de que uno o varios de mis estudiantes repitieran curso. El primer muro de hormigón lo he encontrado siempre en la administración (Inspectores, Directores, Jefes de Estudio, etc.), el segundo muro de contención en los propios compañeros (profesores) y el tercero en la sociedad, las familias y los propios interesados, los niños.  De modo que...a uno le obligan a hacer mal su trabajo, ¿verdad?

Los argumentos que esgrimen unos y otros son bien diferentes: mientras que el argumentario de la sociedad consiste más o menos en hacerse eco de los cuatro listos de turno que se dedican a escribir de esto fuera del aula y hablan de un ataque con armas de destrucción masiva a la autoestima de los niños proyectando el problema intrínseco del propio sistema educativo (como aquí hemos dicho muchas veces en este blog, anacrónico y desactualizado) en los propios maestros en ese natural afán de buscar y señalar con el dedo al culpable. Los argumentos de la administración educativa y de los compañeros suelen ser muy diferentes. El inspector de área educativa, al que probablemente le hayan dado directrices desde más arriba, comunica a los directores de las escuelas que los niños no deberían repetir si no son casos de extrema necesidad, lo cual excluye a los niños de educación especial, porque...pobrecitos, resulta que en vez de ser de un ritmo diferente o más lento de aprendizaje, deben ser mancos, cojos, verdes o de otro planeta (misericordia sensiblera disfrazada de adaptación a las necesidades personales de cada estudiante). Acto seguido, los directores y jefes de estudio toman los escudos en las sesiones de evaluación para defender a capa y espada la no repetición de ninguno de los alumnos propuestos. Primeramente porque así se lo han dicho desde arriba considerando que mandar repetir a un niño en Primaria (y en otras etapas aún más) cuesta pasta. Esto es lógico para ellos, es mantener a un niño que probablemente fracase escolarmente un año más de lo debido en el sistema educativo que tanto dinero nos cuesta a los ciudadanos. De paso, empeoraría la estadística de índice de fracaso escolar de nuestro país de cara a Europa. Misma cosa sucede en los colegios, pero en este caso, lo que empeoraría serían las estadísticas del colegio de cara a los que están por arriba, que son los que acabo de mencionar. Aparte que eso supone un problema y la misión número uno de un equipo directivo en un colegio es evitar problemas, no dirigir el colegio ni que los niños aprendan y el personal esté contento y feliz.  ¿Estoy hablando lo suficientemente claro?

Y luego están, tanto por parte de estos, como por parte de los propios padres, las famosas retahílas o cantinelas tipo

- ¿Cómo lo vas a hacer repetir con lo grande que es ese niño? (como si esto fuera una cuestión de altura o tamaño).
- ¿Tú crees que le va a servir de algo repetir?
- ¿Sabe dividir?
- Bueno, tiene un 4 de nota media, eso es casi un aprobado. Hay que ser un poco flexible. No vamos a ser más papistas que el Papa.
- Yo creo que es mejor que repita el año que viene (error, repetir en quinto o sexto no vale para nada, los niños, de repetir, deben repetir cuanto antes, cuanto más pequeños sean).
- Pero tiene aprobados los exámenes con un cinco. No le puedes hacer repetir sólo por los deberes o por el comportamiento (esa es de las que más me gustan, ¿dónde quedó aquello de la "educación integral" de tu Proyecto Educativo o lo de la evaluación continua?).

Eso cuando no te traen a la orientadora del colegio, sí esa misma que no conoce al alumno y que está compartida con otras dos escuelas y te da su opinión contándote el susodicho rollo de la autoestima o el Jefe de Estudios, la PT, la de Compensatoria y, hasta si procediera, la de la limpieza, se cogen al alumno un día fuera y le hacen un examen tirado de contenidos mínimos (pillado de Internet, de la editorial o inventado por alguno de los mencionados compañeros, que tampoco conocen al niño) para ver si lo que tú dices es verdad o no. ¡Claro que sí! ¡Vamos a darle una nueva patada a la evaluación continua y a las competencias además de darle una patada en el culo a su maestro y a su programación!)

De todas las anteriores afirmaciones comentadas, quiero detenerme en una de ellas, aquella de "¿Tú crees que le va a servir de algo repetir?" que, junto a las últimas que me pasaron ("tu compañera que le da los apoyos a ese niño no tiene metidos suficientes datos de él en el ordenador, por lo que no podemos justificar la repetición y tiene que pasar") es, sin lugar a dudas, mi favorita.

Probablemente adoptar la medida de la repetición no sirva de mucho, pero os puedo decir algo...no certifica el fracaso escolar, al menos en Primaria. Lo que sí certifica el fracaso escolar es pasar a un chaval que no tiene ni papa de lo que le exigen saber. Y es que en mi experiencia, por desgracia, la batalla de las sesiones de evaluación no siempre las he ganado (aunque he ganado la mayoría, lo cual me hace sentir como un Caballero del Zodiaco) y se me ha invitado, casi obligado aunque, futuro maestro, has de saber que nadie te puede obligar, a no ser que sea el pez gordo de arriba del todo, el de la cúspide, a aprobar a un alumno  y por lo administrativo. Siempre que he tenido que pasar a alguien en contra de mi voluntad, ese estudiante ha sido reprobado al año siguiente de manera fulminante o ha acabado fracasando escolarmente. Por contra, cuando ha repetido, no siempre ha sido así e incluso he conocido casos en los que el alumno ha salido adelante.

Probablemente, ni siquiera sea una cuestión de validez o no. Es muy probable que sea, ante todo, una cuestión de justicia. Mirad, las clases suelen ser bastantes democráticas y os aseguro que la mayoría de los maestro no creemos en la repetición, pero sí muchos creemos en la justicia. Incluso, creo que el 100% coincidirá conmigo en que nunca haríamos repetir a un estudiante que, estando cerca del considerado aprobado, ha dado el 100% de lo que podía (al menos dadas las circunstancias). Sin embargo, la controversia viene cuando un niño no ha hecho méritos mínimos para ganarse esa confianza. Cuando un niño no ha mostrado una básica actitud, un interés elemental por aprender, cuando en sus pruebas de evaluación, sean las que sean, sus calificaciones han rozado el suelo, cuando su comportamiento ha ido totalmente en contra de unas normas de clase elementales o sencillamente cuando nunca ha realizado sus tareas en casa, ni siquiera ha hecho el esfuerzo por intentarlo. Cuando, en resumidas cuentas, ese niño no se ha tomado en serio sus clases, el colegio, la educación, cuando no ha sabido convivir mostrando unos mínimos valores y cuando ha generado más problemas al grupo social de lo que ha aportado a pesar, y esto es clave, de habérselo otorgado todos los medios a su alcance, tanto los que ordinarios como los extraordinarios. Hablando en plata, cuando el maestro se ha desvivido por ese alumno, todo lo que ha hecho, lo ha hecho bien (o razonablemente bien) y no ha conseguido lo esperado, ¿es de justicia que ese niño pase de curso, igual que los demás compañeros que SÍ han cumplido con sus obligaciones como estudiantes desde el minuto 1 del curso?

Es la eterna controversia entre la legalidad, la justicia y algo absolutamente opuesto como son las necesidades administrativas o las teoría conspiratorias de la sociedad acerca de la dislocación total del alma humana y de la auto estima del niño (me pido para reyes algún estudio verdaderamente serio y documentado al respecto).

Las batallas que he tenido que librar al respecto de este asunto de la repetición han sido tan agotadoras que he comprendido que lo único que pasaba era, sencillamente, que yo era más cabezón que los demás o que tenía más energía. Cuando la mayoría tenían la manga más ancha que el túnel de Guadarrama, confundían el amor maternal hacia sus alumnos y la compasión con la necesidad o la justicia o cuando, aún luchando por hacer repetir a sus alumnos, que realmente no estaban preparados para pasar de curso según los criterios del propio sistema, los compartamos o no, se desanimaron al segundo año de luchar contra los elementos y los aprobaban solamente por no discutir o buscarse problemas con los padres o con el equipo directivo. Hoy he comprendido que esa batalla lo único que hace es agotarte física y psicológicamente. 

Y aunque tenga cojones que tengas que andar batallando por y para hacer bien tu trabajo y ser justo, sólo por eso, tu inteligencia emocional, tu integridad y tu salud está por encima de todo. Mi única discrepancia y mi consejo a todos los maestros que me estáis leyendo es el siguiente: Trata de hacer tu trabajo por todos los medios, ponte cabezón hasta donde el cuerpo aguante y, si con todo, no te dejan, fuérzalos a que sean ellos los que decidan por ti a que los aprueben administrativamente y luego corre a contarle la verdad a los demás. Al menos, tu conciencia quedará limpia. Triste, pero cierto.

En conclusión, señora que me está usted leyendo esta noche. No se preocupe si le han dicho que su hijo está en riesgo de repetir. Debiera vd saber que eso, dependiendo de cada centro, suele ser una batalla sin cuartel más o menos feroz entre el maestro tutor y el mundo entero. Dependerá del agotamiento más o menos grande de dicho maestro que su hijo sea justamente (puede que injustamente también, no somos perfectos) retenido en el mismo curso o que pase. Desconfie más bien de que sigan existiendo Quijotes en el mundo de la educación, quedamos pocos y la mayoría, al menos en esta área, ya hemos tirado total o parcialmente la toalla. 

El futuro que nos espera es....el que hemos sembrado.