lunes, 13 de agosto de 2012

LOS PIJOS

El diccionario de la R.A.E define el término "pijo" como: "Dicho de una persona que en su vestuario, modales, lenguaje, etc., manifiesta gustos propios de una clase social acomodada".

Sin embargo, el término "pijo" es utilizado en el habla coloquial con una asiduidad tal que, al final, hemos extrapolado el vocablo a todo aquel que, por decirlo así, tiene pasta y que además se le nota, no siempre a la legua, pero se le nota.

En fin, que en este artículo, definitivamente, vamos a hablar de los pijos. Y he querido escribir sobre ello porque mi relación con los pijos ha sido o es, cuanto menos, truculenta, minimalista, pero truculenta. El misterio queda en saber si es cosa mía o cosa de ellos, yo creo que es, sencillamente, una cuestión no sólo de clase social, tal como nos definía antes nuestro querido diccionario, también de contexto, de educación funcional.

Empezaba diciendo hace un momento que hoy en día, en especial la gente joven, niños o adolescentes de manera singular, llaman "pijo" o "pija" generalmente para ofender o hablar despectivamente de alguien. Resulta sorprendente como la palabrita de marras maravilla cuando se trata de, precisamente eso, joder a alguien y por joder, se emplea de forma, a veces, exagerada. Para muestra, un botón: Recuerdo que una de mis alumnas de una de las clases que tuve, hablando de otra de las niñas del grupo, decía de ella que es que era una pija. Me hizo gracia porque lo estaba diciendo una niña de un colegio público de una barriada de clase baja (a lo sumo medio-baja) al sur de la gran ciudad, el barrio con mayor índice de desempleo, inmigración, de menor renta...Me hizo gracia, sencillamente.

De forma generalizada nosotros entendemos que los pijos son algo parecido a lo que aparece en esta foto cuyos retratados, espero, no estén leyendo este artículo, puesto que dichas fotos fueron recibidas a través de e mail en mi ordenador hace ya unos años bajo el título "Los Borjamaris de Pachá" y realmente no tengo el gusto de conocer a los susodichos pijos.

 








 
Como una imagen vale más que mil palabras, es esto es lo que entendemos por un pijo, niño de papá, borjamari o como lo queramos llamar. Es decir, características generales de los típicos pijos serían: Hijos de una familia de clase alta o medio alta, padre (y a veces también madre) con puestazo, normalmente empresario, médico, abogado, ingeniero y demás (no creo que yo, pese a que me gustaría, llegue a ser pijo en mi vida), aspecto físico e indumentaria atemporal en plan camisa, pantalones de pinzas, zapatos, filetazo, careto afilado con rasgos que indican superioridad...Lenguaje remilgado (famosas son las muletillas "osea"), estudios superiores (normalmente los mismos que el padre) y un largo, largo etcétera.

Otras características de los pijos que podrían enumerarse serían las siguientes:

- Normalmete de ideología política de derechas, e incluso, de ultra-derecha:

Este rasgo parece ir al alza en tiempos de crisis económica, con un arduo afán por parte del partido pijo por excelencia en España, el Partido Popular, de terminar con la clase social media en el país, al estilo, poco más o menos, de lo que tenemos en Grecia: Gente muy rica y gente muy pobre.

La explicación es muy sencilla y muy clara. En un sistema capitalista en donde lo que importan son los dividendos y no las personas, una maquinaria engrasada por las multinacionales y cuyos directivos (aunque no necesariamente de las multinacionales, pudieramos referirnos a cualquier otro puestazo) son los lacayos de perpetuar ese sistema, no ya sólo económico, si no también social, con el beneplácito de bancos y gobiernos. A estas personas adineradas, máximo exponente de la mayor enfermedad que presenta nuestro actual mundo: El egoismo, les interesa mantener su estatus llevando a su vida su política de empresa, su política de dividendos versus personas.

Traducido: Cuando hables con un pijo de política, vas a enfrentarte a un pepero de libro que tratará de magnificar la excelencia de una vida cuya felicidad máxima se halla,precisamente en eso, en los dividendos y no en las personas. Te sacará de quicio y además discutirá contigo convencido de lo que dice, porque otro de los rasgos de estas personas es que...

- Son ambiciosos, nunca pierden: Son personas cuya ambición se basa en lo material. Su cargo directivo o, en el caso de sus hijos, su condición de hijo de...se edifica en torno a la idea de llevar fuera del despacho su cargo a la propia vida, lo cual les podría llevar a problemas en la mezcla con la plebe, si no fuera porque ellos pertenecen a la...

- Clase VIP: Hoy en discotecas, restaurantes, teatros, estadios deportivos, eventos e incluso insituciones públicas, hay lugares especialmente reservados para las personas de alta alcurnia, para los pijos. Muchos lo ven como negocio, yo lo veo como una forma de engordar las diferencias sociales entre personas, aunque esto no es nada si partimos de la idea de que vivimos en un país con Rey (y sus privilegios) y con muchos altos cargos en la Cámara de Gobierno (y sus privilegios).

Retomando lo anterior, cuando el pijo tiene un problema en un lugar más o menos público, puede ser un aeropuerto, una tienda de un centro comercial o sea donde sea, el primero que va a montar el pollo es él, lo va a hacer muy finamente, pero el pollo lo va a montar, muy despectivamente y llevando sus galones de mando desde la oficina (o su condición de hijo de...), desde el despacho hasta ese lugar...

- Vida de lujo: Como son personas de clase VIP, no se mezclan con la plebe, por tanto, tienen sus propios barrios, sus propias urbanizaciones con piscina, sus propios coches (cochazos), sus propios deportes (golf, padel, etc.), sus propios vecinos (semejantes en condición), sus propios bancos, sus propios centros comerciales o tiendas, sus propias criadas (asistentas, que queda mejor). Esa vida de lujo ha llevado, en el mayor de los casos, a grandes fraudes financieros. Los pijos son los padres de la economía sumergida, no tanto el fontanero de turno que te hace la chapucilla, que también.

- Buena educación: Si bien su inteligencia social está bajo mínimos cuando se trata de relacionarse con alguien que no sea de su propia estirpe, son personas con estudios y, chico, no siempre es así, hay mucho pijo gilipollas, pero la mayoría suelen ser educados o, al menos, utilizan un registro elaborado. En ese sentido, es de agradecer que los pijos mantengan todavía un uso, más o menos, correcto del lenguaje (aunque cuando intentan hacerse los enrollados, son patéticos), cosa que creo francamente que se ha perdido en la clase media, no digamos ya en la clase social baja.

Sus conversaciones suelen ser, lo que yo llamo, conversaciones de neutros, es decir, o bien conversaciones en torno a los negocios, el trabajo, los estudios o bien de trivialidades, aunque últimamente se aboga mucho por temas políticos. Hay temas que, incluso, son tabues para ellos. Precisamente por ello...

- Los pijos se relacionan sólo con los pijos: Y esta es la gran verdad. Los pijos con los pijos. Ellos mismos, la sociedad misma, hace que los pijos puedan vivir al margen de la plebe, pero es que ellos, cuando están en esos lugares, más o menos públicos, son los primeros que se buscan entre ellos ,como los borjamaris de Pachá. Es muy dificil entablar una amistad con un pijo si no eres pijo, es muy dificil enrollarte con una pija, si no eres pijo y, mucho más, es muy dificil tener una relación de pareja con una pija, máxime si en algún momento te sale tu deje de barrio o tocas alguno de sus temas tabues.

Anotación: Curiosamente no es tan dificil tener sexo con una pija.

- Los pijos tienen su vida diseñada: Eso es, los pijos siempre tienen un proyecto. La vida, para ellos, está totalmente marcada por metas y objetivos. Cuando a un pijo se le rompen los esquemas, no sabe reaccionar. Un pijo intentará por todos los medios que se lo resuelva papá y, si eso falla, engañará a papá y buscará una alternativa (de pago o no) y si esto también falla, se sentirá perdido...

- Los padres de los niños pijos suelen ser muy sobreprotectores o muy estrictos: Como la vida pija está prediseñada, ellos siguen pensando que un buen empleo pasa por tener muchos estudios. Y sí, otra cosa buena de los pijos es que suelen ser mucho mejores estudiantes que los plebeyos. No consiste tanto en que el colegio trilingüe de La Moraleja sea mejor que cualquier público, pasa lo mismo que con la sanidad, suele ser al contrario, pero aquello a lo único a lo que se puede apelar en un sistema educativo anacrónico como es el nuestro, que es al esfuerzo, es a lo que recurre el niño que tiene bien inculcado que los estudios son la llave para ser como su padre y tener un buen puesto (aunque en el mundo pijo es bien sabido que se lleva mucho lo de ser un enchufado de papá). Si esto no se cumple, los padres ya se encargan de poner los medios (academias, profesores particulares...) para que no fracasen en lo cognitivo, que probablemente si en lo social y lo emocional cuando se tiene unos padres muy estrictos o, por el contrario, muy sobreprotectores.

Y es que, si seguís mi blog, ya sabeís que en el equilibrio está el secreto de una buena educación.

- Los problemas de los pijos son los mismos que los de los plebeyos: Salvo en lo económico, que ya es una gran diferencia, puesto que el dinero es el motor y la vía de acceso a la mayoría de las cosas, los pijos no son más felices y hay estudios científicos que asi lo demuestran (no sobre los pijos, pero sí sobre el dinero como factor de la felicidad humana).

Los problemas de los pijos vienen derivados de su falta de inteligencia social y emocional en muchos de los casos. Los pijos, igual que decía el título de aquella serie ("Los Ricos también Lloran"), sufren de soledad, sufren de desamor, sufren de estrés (la reina de las enfermedades),tienen problemas familiares, son drogadictos...


Bien, hasta aquí algunas de las características generales y específicas de los pijos.

Pero quiero llamar la atención ahora sobre lo que para mí es un pijo: Mi concepto de pijo no es ni tan extenso como el que la gente utiliza en ocaciones, ni tan restringido como el de un hijo de millonario.

Para mí no se puede ser pijo si no se tiene un papi con pasta, ahora bien, no siempre ha de ser rico, no siempre tiene porque ser de clase alta, puede ser, incluso, hasta de clase media.

Y es que, lejos de la lucha de clases sociales, apartándonos de esa primera definición del diccionario de la Real Academia, entiendo que un pijo, siendo este un adjetivo calificativo despectivo, siempre se va a avergonzar de ser pijo. Es dificil de explicar, es como negar que se es votante del Partido Popular o negar que ves los programas del corazón, cuando todo el mundo sabe que una mayoría vota al pajarito o se ve el "Salvame Deluxe", es esa especie de mentirijilla piadosa (que mira tú la puta gracia con la mentirijilla....).

Hay muchos pijos que niegan serlo. Existe una gran masa de pijos que, alejados de los estereotipos de filetazo y camisa Ralph Lauren, niegan ser de la estirpe y, probablemente, no sean "pijos puros", quizás sean mestizaje, lo cierto es que cumplen todas (o casi todas) las características anteriormente mencionadas en mayor o en menor medida. Son, si se prefiere llamarlos asi, como "neo pijos", "nuevos ricos" o, finalmente, como a mí me gusta llamarlos, "pijos pobres".

A estos, si bien es más dificil pillarles por las pintas, se les pilla tan sólo con conocerles un poquito. De ahí, que haya pijos con pintas de perroflauta y cuyo padre es directivo de la Mercedes (sí, los de los coches), pijos que no sean peperos, si no sociatas o que vayan de progres por la vida (cosa que no me parece mal, aunque contradictorio en el fondo y la forma), pijos que pretenden ir de guay para mezclarse con la plebe y que, en la mayoría de las ocasiones, acaban delatándose con los suyos (no salgaís nunca de fiesta con un pijo, por favor, a no ser que lo hagaís únicamente como experiemento sociológico).

Esos son los pijos más patéticos porque, en el fondo, tienen la tara social, emocional e incluso, a veces, la cognitiva. Por cierto, estos pijos pobres no sé que tendrán que son los primeros en ser unos agarraos!!! (eso no ocurre en el bar de tapas de los colegas del barrio).

Tengo serias dificultades para relacionarme con ellos pero, y en honor a la verdad, pienso que los pijos tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. Es cierto que, sobre el papel y tras lo leído, pudiera dar la impresión de que no me molan un cacho y es cierto; hubo una época de mi vida en la que no podía ni verlos y sí, sí es cierto que no cuajo con ellos, por A o por B, pero no cuajo. Sin embargo hay que saber ensalzar sus cosas buenas y decir que hay pijos maravillosos, hay gente que no es clasista, que no tiene planificada su vida, que no tiene que forzar para relacionarse con nosotros, los de a pie. Serán redichos, su lenguaje será el de oficinistas tontos, pero prefiero en ese sentido a alguien educado que a un maki del tres al cuarto con quien no se pueda cruzar dos palabras ni tener una conversación mínimamente inteligente. Al César, lo que es del César...

Tengo algún que otro amigo pijin y, lejos de avergonzarme, he de decir que son excelentes personas. No obstante, he tenido una novia pija (de esas que yo os decía que lo negaba y trataba de ir patéticamente de guay con la plebe) y no funcionó (game over). Al final, como vemos, es algo que va en la persona, no va en la condición social si bien la sociedad, el contexto en el que cada uno de nosotros nos movemos genera dentro del micro, el meso y el macro espacio una educación funcional que forja personalidades semejantes al arquetipo de pijo cuyo lienzo aquí hemos pintado con las palabras.







viernes, 6 de julio de 2012

GAME OVER

Oh, la, la...la vida: "GAME OVER"



Cuando el gato nocturno empezó, las cosas iban mal con mi vida amorosa...Resucité y volví a morir. Hoy, las cosas aún siguen siendo peor.



"La conocí en mi barrio de pura casualidad. Bueno, yo sabía que podía ser para mí, aunque no tenía por qué resultar fácil. Surgió el chispazo y empezamos a salir que si sí que si no. Confieso que la cagué desde el comienzo porque la chica me gustaba, pero las voces "amigas" ensordecían la voz de mi corazón con chismorreos, cotilleos y confidencias. Bien, me pudo la presión y tampoco sabía muy bien qué es lo que a ella le interesaba de mí. Tuve miedo...para qué negarlo. La muchacha se cansó de mí y me mandó a la mierda (por sms, como los adolescentes del s. XXI, salvo por el detalle de que ella está en la tercera decena, como quién suscribe).

¡Cristo! Tenía una espina clavada en el corazón. No pude cogerla de la mano y decirla que la quería. Traté de quedar con ella para hablar, pero no quiso. Fue una noche de enero cuando me vacié y la dije la verdad: Que era un jodido acojonado con miedo al compromiso. Siempre agradeceré que me perdonara. Volvimos a estar juntos, pero esta vez sin juegos, esta vez iba en serio, sin miedos.

Entonces empecé a creer en ella. Su vida parecía muy acomodada, se diría que fácil, pero no lo era tanto. Empezó a interesarse más por mí, quería realmente conocerme a fondo y yo a ella. Todo fue bien durante unos meses, meses en los que llegué a pensar que esa sí que podría ser la chica de mis sueños y yo su guerrero sin armas. No era una opción, aquello estaba siendo una realidad. Volvía a querer estar con una persona tras una relación tormentosa en el pasado.



Pero, como digo, su vida no era fácil: Había de fondo historias familiares truculentas que la marcaban, en cierta manera  historias muy comunes a las de otras chicas que he conocido. Parecía que buscaba un escuchador en vez de una pareja. Me contaba sus historias, sus inquietudes, sus problemas y yo la escuchaba. Tal vez hubiera deseado que me inmolara por ella, tal vez pensaba que no me implicaba lo suficiente, tal vez que sólo la oía....Lo cierto es que la escuchaba y me sentaba mal el hecho de que no fuera plenamente felíz; pero me sentía a remolque, como si ella no tuviera que dar, siempre recibir, nada que demostrar y yo...justo al contrario.

Hubo un día en que sonaron todas las alarmas: El día que me dijo que si ella no estaba bien a lo mejor no podía estar con nadie. Aquella frase lapidaria ya anunciaba tormenta. Esa tarde discutimos, no de mal rollo, pero lo hicimos. Al parecer se encontraba agobiada con la rutina diaria del parado, pese a que tenía un buen trabajo esperándola en tan sólo unos meses a la vuelta de la esquina. Y es que ella contaba muchas cosas, pero nunca contaba las cosas importantes, nunca hablaba de sus miedos, sus miedos reales, siempre tapados y ocultos.

Otro día se encontraba triste porque su abuela se encontraba ya muy enferma, al borde de la muerte. El caso es que todo iba bien. La cosa no iba conmigo, todo estaba en ella y yo la escuchaba y la apoyaba, aunque obviamente ella no sentía eso, tal vez deseaba un martir que sufriera sus penas con la misma intensidad, pero el caso es que la escuchaba y la apoyaba, la escuchaba y la apoyaba, la escuchaba, la escuchaba, la escuchaba....

Pero todo parecía marchar bien. El último día que la ví fue uno de los mejores de toda nuestra relación. Estuvimos por el centro de compras y después cenando. Me abrazaba, me decía que me quería y yo sonreía a su lado planificando juntos el siguiente fin de semana. Nos despedimos entre risas en mi calle tomando sentidos distintos al anochecer.



Y al día siguiente, estando en el trabajo, recibí cinco o seis mensajes a mi móvil. Era otra vez ella diciendo que era mejor dejarlo, que con todos sus problemas estaba agobiada por todo y no estaba preparada ni con ilusión para estar con nadie, que ya lo hablaríamos en persona, que era horrible volver a dejarlo así, pero que sólo quería estar compartiendo con su abuela sus últimos momentos.

Lo que incluso parecía una ruptura con una excusa loable, se convirtió en una pesadilla, pero me negué a pasarlo tan mal como lo pasé la primera vez que me dejó, porque, en esta ocasión, yo no había hecho nada, no tenía por qué padecer ningún sentimiento de culpabilidad. A partir de ahí....silencio. Pensé que si una vez la recuperé, esta vez podría volver a hacerlo. El caso es que ella cerró todas las vías de acceso para poder conseguirlo: No contestó a ni un sólo mensaje, salvo a uno de ellos, con una frialdad tal que anunciaba la derrota, no quiso llamarme, no quiso, en definitiva, hablar conmigo. Huyó, tal como huyó la otra vez. Tuvo miedo de mí, no sé muy bien que pensaba que la iba a decir o qué, incluso, la iba a hacer. No sé exactamente que tipo de fantásía elaboró en su cabeza, por qué se auto convenció de que yo era el malo de la película, ni sé qué diablos pasaría la siguiente mañana de nuestro último día juntos....El caso es que algo pasó para que ella desapareciera.

El pretexto de la abuela enferma se venía abajo con el paso de los días y la insufrible agonía que produce un desengaño amoroso, el peor dolor que puede padecerse. Entonces comprendí que aquello era una patraña...había dejado de quererme, si es que alguna vez me quiso de verdad, demostrando la fragilidad de las palabras de una mujer, como yo siempre he escrito en mis poemas. La historia se repetía de nuevo...

 Una vez me la encontré de casualidad en el parque de en frente de su casa y, dudando si era ella, me acerqué a comprobarlo para, en tal caso, poder tener la oportunidad de hablar las cosas. Al verme, salió caminado y alejándose de mí sin ni siquiera cruzar conmigo una palabra. Después, escribió en una red social un comentario que rezaba qué  su ex la perseguía y otro ´más en el que insinuaba que yo era un psicópata.






La mandé una carta de despedida. Tres semanas después, con la necesidad de evadirme de sus recuerdos, la escribí un mensaje para preguntarla si quería recuperar todas las cosas que me prestó y hacerla saber que, de igual manera, me gustaría recuperar las mías...Mi contestación fueron, nuevamente, el insulto, la mentira y la descalificación a través de Twitter.

Al ver aquello, indignado, metí todo en una caja y se la envié por correo. Nunca llegó a recogerla, a cambió me escribió un último mensaje clamándome que la dejara en paz, diciéndome que estaba loco, probablemente porque eso es lo que a ella le interesaba utilizar para tapar su sentimiento de culpabilidad.


Después de aquello, tuvimos el final menos deseado por mi parte....Como un misil Tomahawk que todo lo destruye, la replique haciéndola saber lo mucho que me avergonzaba de haberla conocido...


Y en todo ese proceso, la chica que dejó al chico por su desgraciada situación personal e incapaz de entablar una nueva relación, pasaba sus días persiguiendo a un franchute y viviendo en su mundo de fantasía mientras yo vivía mi cruda realidad.


Y esta es la historia de un perro muerto y, además, apaleado..."


Han pasado un par de meses de todo esto y mentiría si dijera que no me siento decepcionado, pero, con todo y con eso, cuando una persona con la que has tenido algo bonito y que te ha hecho felíz en un momento determinado de tu vida, te deja, tienes la opción de sentirte como un trapo tirado a una papelera o quedarte con lo bueno de esa persona y no guardarla ni siquiera rencor, todo lo contrario. Lo increible de todo esto es que piense así a pesar de lo que de forma unánime opinan los que conocen esta historia...A todas esas personas que entonces me apoyaron...Mil gracias! Ellos saben que soy un hombre con fortuna, salvo en esto del amor...


Escribí una trilogía de poemas durante mi relación con ella.


Mi pequeño bonsai: Hoy la entrada más leída de mi blog con mucha diferencia. Lo escribí cuando me dejó por primera vez. Ella lo leyó cuando retomamos y creo que con satisfacción.
Árbol caído: Escrito nada más dejar la relación. En este poema se albergaban todavía esperanzas de poder volver a levantar el arbolito caído.
Leña negra: Se escribió una vez que las pocas esperanzas que tenía terminaron por quemarse.
El hilo argumental de estos tres poemas es el mismo. La explicación es sencilla: Recuerdo habérla regalado un bonsaí para que lo cuidara apenas unos días antes de nuestra primera ruptura. Me acordé de esta plantita cuando se produjo y traté de buscarle un simil al bonsaí con la chica a la que amaba: Pequeñita y frágil.
En "Mi pequeño bonsaí" me reprochaba a mí mismo el cómo pude haber estado tan ciego, cómo pude no haber apreciado lo que tenía, pero guardaba la esperanza de volver a correr junto con la niña alrededor del pequeño arbolito.
En esa misma línea se encontraba "Árbol caído" si bien en este poema ya se narra la espera bajo el tronco de un árbol arrancado.
En "Leña negra" se narra un incendio producido en la madrugada en la que todo terminó y cómo en mitad del valle decido tomar y seguir mi sendero, de nuevo solitario.


He querido escribir esta entrada como testimonio de lo que he vivido estos últimos meses y de lo que he hecho, creo que una de las cosas que sé hacer....Escribir.






Finalmente, quiero dejarlos una de cita de Bukowski que logró estremecerme cuando hace poco las leí y un vídeo de una canción que me dejó gratamente sorprendido por la sinceridad de su letra, curiosamente el mismo vídeo que ella me dedicó a mí tras su ruptura, siendo esta la canción que precisamente yo siempre le hubiera dedicado a ella.

 (pinchar sobre la palabra "vídeo")




—Perdí a una mujer.
—Tendrás otras y las volverás a perder.
—¿Adonde se van?
—Prueba un poco de esto.
Era una botella metida en una bolsa. Me tomé un trago. Era vino oporto...

Charles Bukowski: "Factotum".



INSERT COIN


















domingo, 20 de mayo de 2012

LEÑA NEGRA

Poeta como tú: "Leña Negra".


Hay algo peor que perder a la mujer que amas y ese algo es no saber por qué la perdiste...


LEÑA NEGRA


"Sentado a la sombra de nuestro árbol mutilado
me he quedado sólo esperando de tí
una sola palabra, un sólo indicio
que me diera un sólo motivo
para poder llevarte a sus pies
tomando tu mano y acercándote
hasta la ribera, mi pequeño bonsai.


Sentado a la sombra de nuestro árbol mutilado
ha llegado el anochecer y he empezado
a notar el frío incrédulo, he oído
la voz apagada del silencio,
he escuchado al viento ulular
y a las fieras rugir dentro de mí.
En mitad de la noche he notado
a lo lejos tus pasos alejar
con sigilo y sospecha.
A la sombra de los brazos retorcidos
de mi arbolito he quedado
como la sombra de un espantapájaros
a la espera de la espera.
Llegando la luz del amanecer
he perdido la cabeza
viendo como pasó la noche
en la que sentí estremecer
con el miedo de tu ausencia.


Y con las horas que me desvelan
de mi sueño inquieto y tranquilo
llega el calor de una mañana
que recuerda al fuego de verano.
Su rayos me ciegan y su luz
queman mi retina
y cierro los ojos...

Y, al cerrar los ojos, te recuerdo pequeñita
corriendo a mí alrededor sonriendo
y ofreciéndo tu mano para fundirme con ella.

Y empiezo a agonizar y a sentirme
más débil, cuando siento que me muero por tí.
 
 
Y trato de abrir los ojos y sólo veo el blanco
que me quema y sólo puedo recordar.
 
 
Mirándome encima mío con ojos que ardían
besándote como un demonio apretándote,
llevándote contra mí hasta el éxtasis.
 
 
Compartiendo momentos sólo tú y yo
sin importar nada más, nadie más...
Paseando juntos y aprendiendo de tí.
Escuchando tus palabras que decían
más por lo que callabas,
que por lo que decías.

Y levito la mirada y mis párpados
vuelven a caer con debilidad.

Y me acuerdo de nuestra última noche
en mi calle disfrutando de tu risa
complacido de mayor entendimiento
por última vez te miré y me marché
convencido de que te volvería a ver.
 
 
Y en un último intento, abro los ojos
y veo el campo arrasado y amarillo,
el río medio seco desfilando hacia abajo
como si llevara suciedad en sus aguas.
Estoy sobre un montón de ceniza negra,
mi cabeza sobre un pequeño tronco negro
cercado de pequeñas ramas y troncos
viejos y secos, paisaje de leña negra...
 
 
Y entonces sé que mi pequeño bonsai,
mi joven árbol caído ha muerto.
El frío de la noche lo ha desgastado
y el calor de la mañana, las llamas
de tu indiferencia, de tu corazón
sin sangre, la firmeza del camino
que te aleja de mí y tu pequeña
cabecita egoista y alocada
dieronle la estocada al caballero
que queda postrado tendido
en el suelo mirando al cielo
abriéndose un claro entre las nubes
oliendo a hierba quemada y viendo
el humo gris elevarse hacia las nubes.


Me has matado en vida, mi pequeño bonsai.
Saliste huyendo de mí, envainaste la espada
y cortaste para mí el camino hacia tu libertad
en busca de otro paraiso artificial, de otro
guerrero sin armas...
 
 
Cierro los ojos por última vez, te perdí...
Estoy en coma y muero estrangulado
por todas aquellas preguntas sin respuesta.
 
 
Pero las cenizas se disiparon y dibujaron
de nuevo las montañas, el río comenzaba
a chapotear con fuerza, levanté como
si una ráfaga de viento fresco me azotara
y me erguiera hacia la vertical.
Los prados se tiñen poco a poco, pacíficamente
de verde que salpica, envaino mi espada,
resurjo de las cenizas, como el Ave Fénix
y busco la salida, busco mi camino...."











sábado, 5 de mayo de 2012

ÁRBOL CAÍDO

Poeta como tú: "Árbol caído".

Es sábado noche y estoy sólo en mi habitación
viendo cómo la lluvia llora en mi ventana y
sube el aroma de la tierra mojada que tanto
me gusta. Me gusta cuando los días son grises
y las noches se envuelven de terror, porque
me recuerdan a mi propia vida amorosa, a ese
camino de espinas doradas que me dejan las
manos talladas de tus recuerdos, mi amor...


 
ÁRBOL CAÍDO


  
Y aquí me encuentro otra vez sólo
escribiendo poemas de amor...


"Oígo el silencio, huelo el miedo a distancia,
siento que encojo y sudo lágrimas secas
y mucha angustia, pero todo me resulta
familiar, como el sonido de un árbol caído
para un leñador. Árbol que cae y se desploma
sobre el suelo, árbol para el que no hay
ni un sólo sentimiento, ni un sólo trago de saliva.
Leñador que sin piedad arranca su motosierra
y enviste de nuevo a su siguiente presa
dejando el fresco bosque negro como la leña quemada.
  
Estoy en mi trabajo,
recibo un mensaje,
eres tú despidiéndote
otra vez, pero esta vez
no sé que hice mal.
  
Me levanto de mi pesar,
termino la faena, me entrego
a los demás.
Regreso a casa
y el viaje me parece eterno
soportando
a todos los demás.
  
El tren de la muerte
me escupe en el andén.
Llego a mi "dulce" hogar
y las paredes me atrapan.
Lo vuelvo a leer, una vez más.
Comienza el silencio,
comienzo a escuchar.
Escucho mis pensamientos,
esculpo mil excusas
y trato de explicar
el por qué lo has hecho
tan mal.
  
Hoy te odio, mañana te echo de menos,
pasado te escribo un poema...
Y es que te quiero, amor.
Vence la condena,
exhausto en sólo dos días.
Llega el fin de semana
y busco a los míos,
busco sus palabras
de ánimo. Busco la esperanza
en sus labios, en sus palabras
dichas o escritas.
Me atrevo a enfrentarme
a mis prejuicios y te mando
palabras de ánimo.
Mis letras teñidas de blanco
me suenan falsas, pero son
para tí, sólo para tí.
Y es que te quiero, amor.
Palabras de ánimo, aunque yo
esté destrozado, aunque mi
corazón ya repique
con la historia
de siempre...
  
Eres demasiado blanca
para colorearte de negro.
Eres, mi pequeñita, fuerte
y activa, como para languidecer
y penar tú sóla sin tenerme
a tu lado.
  
Pero has pensado por los dos,
tu mente ha ido más rápido
que la mía y te has clavado
un puñal, sin saber que yo
estaba detrás contigo
apartando tu pelo,
pasando mis yemas
por la tersura
de tu carita de niña,
metiéndote mano...
  
Noto ahora el filo
salir de mi pecho
y desangrarme
envuelto en noche
y lluvia poco a poco
con la sangre reseca
que sale de los sucios
poros de mi corazón,
unas veces inmovil,
otras retumbando
en la caja y ensordeciendo
todo lo demás...
Y es que te quiero, amor.
Salgo a la calle, cojo el coche
y me pierdo en la carretera
sin importarme rodar
por encima de los charcos
y joderle la vida a los
viandantes.
Acelero para huir
de este sufrimiento,
pero conduzo
suave, sereno, aún
inquieto.
Y apenas veo
por el cristal
con marcas
de parabrisas
tu imagen
que se aleja
y vuelvo
a pisarle
para que eso
no ocurra,
para poder
darte alcance
y envolverte
en mis brazos
como si fueran
una sábana
blanca.
  
Nadie sale esta noche
de lluvia ácida. Estoy
con la necesidad de
mantener el tiempo
ocupado.
No quiero seguir
durmiendo, no quiero
seguir pensando.
Me marcho a la calle,
voy al cine y te veo
en la gran pantalla,
porque no puedo
olvidarte, mi amor.
  
No te puedo perder,
porque te quiero
y me quieres.
¿Hace falta algo
más?
  
El ruido me confunde,
el tiempo es enemigo
y aliado.
Tu silencio rezuma
miedo, mi paciencia
me crispa los nervios.
 
Pero ya sé lo que es ver caer un árbol.
Ya sé lo que es recoger las semillas
de un pequeño arbolito que murió
mustio y hacerlo resucitar y crecer
a su ritmo, pasito a pasito...
Y descansar juntos a su sombra,
besarte y abrazarte con seguridad,
con la fuerza de un árbol adolescente
que quiere hacerse mayor.
 
No seamos leñadores de este árbol, mi amor.
Nuestro fin no puede ser tu dolor.
Tu dolor es su dolor.
Tu dolor es mi dolor.
 
Quiero que mi esperanza alumbre de nuevo
el sol que revitalice los trozos caídos
de nuestro arbolito, que otra vez
necesita del agua de nuestra sonrisa.
No quiero morir a los pies de nuestra
plantita llorando, penando por causas
ajenas, mutilado por la tristeza
que nos causan los árboles talados
del negro bosque.
 
No eres así. No eres verdugo de algo
que empezaba a relucir y ser bonito
como la copa de un joven almendro
un día de primavera después de la lluvia
de mayo caída.
 
En tí está la vida del arbolito dañado.
A sus pies sigo esperándote. Yo ya
he enterrado mis frutejas podridas
que son mis rencores, mi rabia,
mi enfado y mi impotencia.
Ahora te toca a tí venir a regarlo
conmigo, a hacerlo levantar
y crecer, y crecer, y crecer.
 
Y es que te quiero, amor."





miércoles, 28 de marzo de 2012

DIÁLOGO DE BESUGOS (SOBRE LA HUELGA GENERAL)

- "¿Vas a hacer huelga mañana?".
- "Yo sí".
- "Muy bien, muy bien. Yo voy a venir, pero te apoyo. Es lo que deberíamos hacer todos".
- "¿Y por qué no lo haces?".
- "Porque si la hiciéramos todos, entonces me animaría, pero yo sola...Además, si ya no va a valer para nada y total...Para favorecer a los sindicatos que no han hecho nada por nosotros...".

Seguramente esta misma conversación la hayaís tenido esta semana en varias ocasiones. Y yo digo...

¿Es posible hacer una huelga general si no es convocada por sindicatos? ¿La huelga es contra una reforma laboral o contra unos sindicatos? ¿Desde cuándo este tipo de cosas se hacen para que valgan para algo y no por fidelidad a tu propia forma de pensar? ¿Desde cuándo nos importa lo que hagan los demás con sus ideas?

¿Sabeís que es lo grave? Haber llegado al punto de tener miedo, porque el miedo se tiene cuando ya se está dominado. Por desgracia, ya estamos dominados y bien atados.
Yo debo ser un pobre loco....Porque no tengo miedo, estoy en contra de los sindicatos que tenemos, me importa un cojón de pato lo que hagan los demás, puedo permitírmelo y, fundamentalmente, soy consecuente con lo que pienso. Yo mañana no entro a la "cinta transportadora" de la fábrica de producción.






"Una vez tuve esperanzas, pero a ellas renuncié" (Yosi Dominguez).

domingo, 11 de marzo de 2012

CANCIÓN DEL AMIGO MALKEDA

Una nota de humor hoy en el gatonocturno. Esto va dedicado a todos los amigos malkedas de la faz de la Tierra. La he improvisado en apenas 5 minutos, pero, a veces, las cosas espontáneas...¡Saben mucho mejor!



LA CANCIÓN DEL AMIGO MALKEDA


"Malkeda, malkeda, malkeda...
Contigo...¡Qué dura es la espera!

El amigo malkeda te usa a su conveniencia
siempre abusando de tu maltrecha paciencia.

¡No gastes ni un sólo céntimo en un sms al malkeda!
Ya usa wattssap, eres un amigo "caro" y de tí ni se entera.

Malkeda, malkeda, malkeda...
Contigo...¡Qué dura es la espera!

Amigo de categoría zero como la coca cola,
a veces pienso...¡Que se te pira la olla!

Si me dices que quedamos el finde,
¡Ya puedo esperar a que se apruebe la Ley Sinde!

Para él eres colega comodín
Hoy contigo, mañana sin tí

Malkeda, malkeda, malkeda...
Contigo...¡Qué dura es la espera!

Si una tía se acerca al amigo malkeda...
¡Ya puedes empezara pensar en cambiarte de acera!

A los quince, a los veinte o a los treinta.
¡Nunca cambiará este amigo malkeda!

No le cuentes tus problemas al amigo malkeda;
pues es lo mismo que querer bailar sin cadera.

Malkeda, malkeda, malkeda...
Contigo...¡Qué dura es la espera!

Así que al colega de copas, relega al banquillo
así, así, que se canse de esperar fumando un pitillo.

No esperes nada del colega de risas,
que siempre llegará tarde y con prisas.

Por tanto, amigo malkeda, yo te mato y te borro de mi vida,
a ver cuanto te dura la piva y me llamas para echar una birra.

Malkeda, malkeda, malkeda...
Contigo...¡Qué dura es la espera!"