viernes, 6 de julio de 2012

GAME OVER

Oh, la, la...la vida: "GAME OVER"



Cuando el gato nocturno empezó, las cosas iban mal con mi vida amorosa...Resucité y volví a morir. Hoy, las cosas aún siguen siendo peor.



"La conocí en mi barrio de pura casualidad. Bueno, yo sabía que podía ser para mí, aunque no tenía por qué resultar fácil. Surgió el chispazo y empezamos a salir que si sí que si no. Confieso que la cagué desde el comienzo porque la chica me gustaba, pero las voces "amigas" ensordecían la voz de mi corazón con chismorreos, cotilleos y confidencias. Bien, me pudo la presión y tampoco sabía muy bien qué es lo que a ella le interesaba de mí. Tuve miedo...para qué negarlo. La muchacha se cansó de mí y me mandó a la mierda (por sms, como los adolescentes del s. XXI, salvo por el detalle de que ella está en la tercera decena, como quién suscribe).

¡Cristo! Tenía una espina clavada en el corazón. No pude cogerla de la mano y decirla que la quería. Traté de quedar con ella para hablar, pero no quiso. Fue una noche de enero cuando me vacié y la dije la verdad: Que era un jodido acojonado con miedo al compromiso. Siempre agradeceré que me perdonara. Volvimos a estar juntos, pero esta vez sin juegos, esta vez iba en serio, sin miedos.

Entonces empecé a creer en ella. Su vida parecía muy acomodada, se diría que fácil, pero no lo era tanto. Empezó a interesarse más por mí, quería realmente conocerme a fondo y yo a ella. Todo fue bien durante unos meses, meses en los que llegué a pensar que esa sí que podría ser la chica de mis sueños y yo su guerrero sin armas. No era una opción, aquello estaba siendo una realidad. Volvía a querer estar con una persona tras una relación tormentosa en el pasado.



Pero, como digo, su vida no era fácil: Había de fondo historias familiares truculentas que la marcaban, en cierta manera  historias muy comunes a las de otras chicas que he conocido. Parecía que buscaba un escuchador en vez de una pareja. Me contaba sus historias, sus inquietudes, sus problemas y yo la escuchaba. Tal vez hubiera deseado que me inmolara por ella, tal vez pensaba que no me implicaba lo suficiente, tal vez que sólo la oía....Lo cierto es que la escuchaba y me sentaba mal el hecho de que no fuera plenamente felíz; pero me sentía a remolque, como si ella no tuviera que dar, siempre recibir, nada que demostrar y yo...justo al contrario.

Hubo un día en que sonaron todas las alarmas: El día que me dijo que si ella no estaba bien a lo mejor no podía estar con nadie. Aquella frase lapidaria ya anunciaba tormenta. Esa tarde discutimos, no de mal rollo, pero lo hicimos. Al parecer se encontraba agobiada con la rutina diaria del parado, pese a que tenía un buen trabajo esperándola en tan sólo unos meses a la vuelta de la esquina. Y es que ella contaba muchas cosas, pero nunca contaba las cosas importantes, nunca hablaba de sus miedos, sus miedos reales, siempre tapados y ocultos.

Otro día se encontraba triste porque su abuela se encontraba ya muy enferma, al borde de la muerte. El caso es que todo iba bien. La cosa no iba conmigo, todo estaba en ella y yo la escuchaba y la apoyaba, aunque obviamente ella no sentía eso, tal vez deseaba un martir que sufriera sus penas con la misma intensidad, pero el caso es que la escuchaba y la apoyaba, la escuchaba y la apoyaba, la escuchaba, la escuchaba, la escuchaba....

Pero todo parecía marchar bien. El último día que la ví fue uno de los mejores de toda nuestra relación. Estuvimos por el centro de compras y después cenando. Me abrazaba, me decía que me quería y yo sonreía a su lado planificando juntos el siguiente fin de semana. Nos despedimos entre risas en mi calle tomando sentidos distintos al anochecer.



Y al día siguiente, estando en el trabajo, recibí cinco o seis mensajes a mi móvil. Era otra vez ella diciendo que era mejor dejarlo, que con todos sus problemas estaba agobiada por todo y no estaba preparada ni con ilusión para estar con nadie, que ya lo hablaríamos en persona, que era horrible volver a dejarlo así, pero que sólo quería estar compartiendo con su abuela sus últimos momentos.

Lo que incluso parecía una ruptura con una excusa loable, se convirtió en una pesadilla, pero me negué a pasarlo tan mal como lo pasé la primera vez que me dejó, porque, en esta ocasión, yo no había hecho nada, no tenía por qué padecer ningún sentimiento de culpabilidad. A partir de ahí....silencio. Pensé que si una vez la recuperé, esta vez podría volver a hacerlo. El caso es que ella cerró todas las vías de acceso para poder conseguirlo: No contestó a ni un sólo mensaje, salvo a uno de ellos, con una frialdad tal que anunciaba la derrota, no quiso llamarme, no quiso, en definitiva, hablar conmigo. Huyó, tal como huyó la otra vez. Tuvo miedo de mí, no sé muy bien que pensaba que la iba a decir o qué, incluso, la iba a hacer. No sé exactamente que tipo de fantásía elaboró en su cabeza, por qué se auto convenció de que yo era el malo de la película, ni sé qué diablos pasaría la siguiente mañana de nuestro último día juntos....El caso es que algo pasó para que ella desapareciera.

El pretexto de la abuela enferma se venía abajo con el paso de los días y la insufrible agonía que produce un desengaño amoroso, el peor dolor que puede padecerse. Entonces comprendí que aquello era una patraña...había dejado de quererme, si es que alguna vez me quiso de verdad, demostrando la fragilidad de las palabras de una mujer, como yo siempre he escrito en mis poemas. La historia se repetía de nuevo...

 Una vez me la encontré de casualidad en el parque de en frente de su casa y, dudando si era ella, me acerqué a comprobarlo para, en tal caso, poder tener la oportunidad de hablar las cosas. Al verme, salió caminado y alejándose de mí sin ni siquiera cruzar conmigo una palabra. Después, escribió en una red social un comentario que rezaba qué  su ex la perseguía y otro ´más en el que insinuaba que yo era un psicópata.






La mandé una carta de despedida. Tres semanas después, con la necesidad de evadirme de sus recuerdos, la escribí un mensaje para preguntarla si quería recuperar todas las cosas que me prestó y hacerla saber que, de igual manera, me gustaría recuperar las mías...Mi contestación fueron, nuevamente, el insulto, la mentira y la descalificación a través de Twitter.

Al ver aquello, indignado, metí todo en una caja y se la envié por correo. Nunca llegó a recogerla, a cambió me escribió un último mensaje clamándome que la dejara en paz, diciéndome que estaba loco, probablemente porque eso es lo que a ella le interesaba utilizar para tapar su sentimiento de culpabilidad.


Después de aquello, tuvimos el final menos deseado por mi parte....Como un misil Tomahawk que todo lo destruye, la replique haciéndola saber lo mucho que me avergonzaba de haberla conocido...


Y en todo ese proceso, la chica que dejó al chico por su desgraciada situación personal e incapaz de entablar una nueva relación, pasaba sus días persiguiendo a un franchute y viviendo en su mundo de fantasía mientras yo vivía mi cruda realidad.


Y esta es la historia de un perro muerto y, además, apaleado..."


Han pasado un par de meses de todo esto y mentiría si dijera que no me siento decepcionado, pero, con todo y con eso, cuando una persona con la que has tenido algo bonito y que te ha hecho felíz en un momento determinado de tu vida, te deja, tienes la opción de sentirte como un trapo tirado a una papelera o quedarte con lo bueno de esa persona y no guardarla ni siquiera rencor, todo lo contrario. Lo increible de todo esto es que piense así a pesar de lo que de forma unánime opinan los que conocen esta historia...A todas esas personas que entonces me apoyaron...Mil gracias! Ellos saben que soy un hombre con fortuna, salvo en esto del amor...


Escribí una trilogía de poemas durante mi relación con ella.


Mi pequeño bonsai: Hoy la entrada más leída de mi blog con mucha diferencia. Lo escribí cuando me dejó por primera vez. Ella lo leyó cuando retomamos y creo que con satisfacción.
Árbol caído: Escrito nada más dejar la relación. En este poema se albergaban todavía esperanzas de poder volver a levantar el arbolito caído.
Leña negra: Se escribió una vez que las pocas esperanzas que tenía terminaron por quemarse.
El hilo argumental de estos tres poemas es el mismo. La explicación es sencilla: Recuerdo habérla regalado un bonsaí para que lo cuidara apenas unos días antes de nuestra primera ruptura. Me acordé de esta plantita cuando se produjo y traté de buscarle un simil al bonsaí con la chica a la que amaba: Pequeñita y frágil.
En "Mi pequeño bonsaí" me reprochaba a mí mismo el cómo pude haber estado tan ciego, cómo pude no haber apreciado lo que tenía, pero guardaba la esperanza de volver a correr junto con la niña alrededor del pequeño arbolito.
En esa misma línea se encontraba "Árbol caído" si bien en este poema ya se narra la espera bajo el tronco de un árbol arrancado.
En "Leña negra" se narra un incendio producido en la madrugada en la que todo terminó y cómo en mitad del valle decido tomar y seguir mi sendero, de nuevo solitario.


He querido escribir esta entrada como testimonio de lo que he vivido estos últimos meses y de lo que he hecho, creo que una de las cosas que sé hacer....Escribir.






Finalmente, quiero dejarlos una de cita de Bukowski que logró estremecerme cuando hace poco las leí y un vídeo de una canción que me dejó gratamente sorprendido por la sinceridad de su letra, curiosamente el mismo vídeo que ella me dedicó a mí tras su ruptura, siendo esta la canción que precisamente yo siempre le hubiera dedicado a ella.

 (pinchar sobre la palabra "vídeo")




—Perdí a una mujer.
—Tendrás otras y las volverás a perder.
—¿Adonde se van?
—Prueba un poco de esto.
Era una botella metida en una bolsa. Me tomé un trago. Era vino oporto...

Charles Bukowski: "Factotum".



INSERT COIN


















domingo, 20 de mayo de 2012

LEÑA NEGRA

Poeta como tú: "Leña Negra".


Hay algo peor que perder a la mujer que amas y ese algo es no saber por qué la perdiste...


LEÑA NEGRA


"Sentado a la sombra de nuestro árbol mutilado
me he quedado sólo esperando de tí
una sola palabra, un sólo indicio
que me diera un sólo motivo
para poder llevarte a sus pies
tomando tu mano y acercándote
hasta la ribera, mi pequeño bonsai.


Sentado a la sombra de nuestro árbol mutilado
ha llegado el anochecer y he empezado
a notar el frío incrédulo, he oído
la voz apagada del silencio,
he escuchado al viento ulular
y a las fieras rugir dentro de mí.
En mitad de la noche he notado
a lo lejos tus pasos alejar
con sigilo y sospecha.
A la sombra de los brazos retorcidos
de mi arbolito he quedado
como la sombra de un espantapájaros
a la espera de la espera.
Llegando la luz del amanecer
he perdido la cabeza
viendo como pasó la noche
en la que sentí estremecer
con el miedo de tu ausencia.


Y con las horas que me desvelan
de mi sueño inquieto y tranquilo
llega el calor de una mañana
que recuerda al fuego de verano.
Su rayos me ciegan y su luz
queman mi retina
y cierro los ojos...

Y, al cerrar los ojos, te recuerdo pequeñita
corriendo a mí alrededor sonriendo
y ofreciéndo tu mano para fundirme con ella.

Y empiezo a agonizar y a sentirme
más débil, cuando siento que me muero por tí.
 
 
Y trato de abrir los ojos y sólo veo el blanco
que me quema y sólo puedo recordar.
 
 
Mirándome encima mío con ojos que ardían
besándote como un demonio apretándote,
llevándote contra mí hasta el éxtasis.
 
 
Compartiendo momentos sólo tú y yo
sin importar nada más, nadie más...
Paseando juntos y aprendiendo de tí.
Escuchando tus palabras que decían
más por lo que callabas,
que por lo que decías.

Y levito la mirada y mis párpados
vuelven a caer con debilidad.

Y me acuerdo de nuestra última noche
en mi calle disfrutando de tu risa
complacido de mayor entendimiento
por última vez te miré y me marché
convencido de que te volvería a ver.
 
 
Y en un último intento, abro los ojos
y veo el campo arrasado y amarillo,
el río medio seco desfilando hacia abajo
como si llevara suciedad en sus aguas.
Estoy sobre un montón de ceniza negra,
mi cabeza sobre un pequeño tronco negro
cercado de pequeñas ramas y troncos
viejos y secos, paisaje de leña negra...
 
 
Y entonces sé que mi pequeño bonsai,
mi joven árbol caído ha muerto.
El frío de la noche lo ha desgastado
y el calor de la mañana, las llamas
de tu indiferencia, de tu corazón
sin sangre, la firmeza del camino
que te aleja de mí y tu pequeña
cabecita egoista y alocada
dieronle la estocada al caballero
que queda postrado tendido
en el suelo mirando al cielo
abriéndose un claro entre las nubes
oliendo a hierba quemada y viendo
el humo gris elevarse hacia las nubes.


Me has matado en vida, mi pequeño bonsai.
Saliste huyendo de mí, envainaste la espada
y cortaste para mí el camino hacia tu libertad
en busca de otro paraiso artificial, de otro
guerrero sin armas...
 
 
Cierro los ojos por última vez, te perdí...
Estoy en coma y muero estrangulado
por todas aquellas preguntas sin respuesta.
 
 
Pero las cenizas se disiparon y dibujaron
de nuevo las montañas, el río comenzaba
a chapotear con fuerza, levanté como
si una ráfaga de viento fresco me azotara
y me erguiera hacia la vertical.
Los prados se tiñen poco a poco, pacíficamente
de verde que salpica, envaino mi espada,
resurjo de las cenizas, como el Ave Fénix
y busco la salida, busco mi camino...."











sábado, 5 de mayo de 2012

ÁRBOL CAÍDO

Poeta como tú: "Árbol caído".

Es sábado noche y estoy sólo en mi habitación
viendo cómo la lluvia llora en mi ventana y
sube el aroma de la tierra mojada que tanto
me gusta. Me gusta cuando los días son grises
y las noches se envuelven de terror, porque
me recuerdan a mi propia vida amorosa, a ese
camino de espinas doradas que me dejan las
manos talladas de tus recuerdos, mi amor...


 
ÁRBOL CAÍDO


  
Y aquí me encuentro otra vez sólo
escribiendo poemas de amor...


"Oígo el silencio, huelo el miedo a distancia,
siento que encojo y sudo lágrimas secas
y mucha angustia, pero todo me resulta
familiar, como el sonido de un árbol caído
para un leñador. Árbol que cae y se desploma
sobre el suelo, árbol para el que no hay
ni un sólo sentimiento, ni un sólo trago de saliva.
Leñador que sin piedad arranca su motosierra
y enviste de nuevo a su siguiente presa
dejando el fresco bosque negro como la leña quemada.
  
Estoy en mi trabajo,
recibo un mensaje,
eres tú despidiéndote
otra vez, pero esta vez
no sé que hice mal.
  
Me levanto de mi pesar,
termino la faena, me entrego
a los demás.
Regreso a casa
y el viaje me parece eterno
soportando
a todos los demás.
  
El tren de la muerte
me escupe en el andén.
Llego a mi "dulce" hogar
y las paredes me atrapan.
Lo vuelvo a leer, una vez más.
Comienza el silencio,
comienzo a escuchar.
Escucho mis pensamientos,
esculpo mil excusas
y trato de explicar
el por qué lo has hecho
tan mal.
  
Hoy te odio, mañana te echo de menos,
pasado te escribo un poema...
Y es que te quiero, amor.
Vence la condena,
exhausto en sólo dos días.
Llega el fin de semana
y busco a los míos,
busco sus palabras
de ánimo. Busco la esperanza
en sus labios, en sus palabras
dichas o escritas.
Me atrevo a enfrentarme
a mis prejuicios y te mando
palabras de ánimo.
Mis letras teñidas de blanco
me suenan falsas, pero son
para tí, sólo para tí.
Y es que te quiero, amor.
Palabras de ánimo, aunque yo
esté destrozado, aunque mi
corazón ya repique
con la historia
de siempre...
  
Eres demasiado blanca
para colorearte de negro.
Eres, mi pequeñita, fuerte
y activa, como para languidecer
y penar tú sóla sin tenerme
a tu lado.
  
Pero has pensado por los dos,
tu mente ha ido más rápido
que la mía y te has clavado
un puñal, sin saber que yo
estaba detrás contigo
apartando tu pelo,
pasando mis yemas
por la tersura
de tu carita de niña,
metiéndote mano...
  
Noto ahora el filo
salir de mi pecho
y desangrarme
envuelto en noche
y lluvia poco a poco
con la sangre reseca
que sale de los sucios
poros de mi corazón,
unas veces inmovil,
otras retumbando
en la caja y ensordeciendo
todo lo demás...
Y es que te quiero, amor.
Salgo a la calle, cojo el coche
y me pierdo en la carretera
sin importarme rodar
por encima de los charcos
y joderle la vida a los
viandantes.
Acelero para huir
de este sufrimiento,
pero conduzo
suave, sereno, aún
inquieto.
Y apenas veo
por el cristal
con marcas
de parabrisas
tu imagen
que se aleja
y vuelvo
a pisarle
para que eso
no ocurra,
para poder
darte alcance
y envolverte
en mis brazos
como si fueran
una sábana
blanca.
  
Nadie sale esta noche
de lluvia ácida. Estoy
con la necesidad de
mantener el tiempo
ocupado.
No quiero seguir
durmiendo, no quiero
seguir pensando.
Me marcho a la calle,
voy al cine y te veo
en la gran pantalla,
porque no puedo
olvidarte, mi amor.
  
No te puedo perder,
porque te quiero
y me quieres.
¿Hace falta algo
más?
  
El ruido me confunde,
el tiempo es enemigo
y aliado.
Tu silencio rezuma
miedo, mi paciencia
me crispa los nervios.
 
Pero ya sé lo que es ver caer un árbol.
Ya sé lo que es recoger las semillas
de un pequeño arbolito que murió
mustio y hacerlo resucitar y crecer
a su ritmo, pasito a pasito...
Y descansar juntos a su sombra,
besarte y abrazarte con seguridad,
con la fuerza de un árbol adolescente
que quiere hacerse mayor.
 
No seamos leñadores de este árbol, mi amor.
Nuestro fin no puede ser tu dolor.
Tu dolor es su dolor.
Tu dolor es mi dolor.
 
Quiero que mi esperanza alumbre de nuevo
el sol que revitalice los trozos caídos
de nuestro arbolito, que otra vez
necesita del agua de nuestra sonrisa.
No quiero morir a los pies de nuestra
plantita llorando, penando por causas
ajenas, mutilado por la tristeza
que nos causan los árboles talados
del negro bosque.
 
No eres así. No eres verdugo de algo
que empezaba a relucir y ser bonito
como la copa de un joven almendro
un día de primavera después de la lluvia
de mayo caída.
 
En tí está la vida del arbolito dañado.
A sus pies sigo esperándote. Yo ya
he enterrado mis frutejas podridas
que son mis rencores, mi rabia,
mi enfado y mi impotencia.
Ahora te toca a tí venir a regarlo
conmigo, a hacerlo levantar
y crecer, y crecer, y crecer.
 
Y es que te quiero, amor."





miércoles, 28 de marzo de 2012

DIÁLOGO DE BESUGOS (SOBRE LA HUELGA GENERAL)

- "¿Vas a hacer huelga mañana?".
- "Yo sí".
- "Muy bien, muy bien. Yo voy a venir, pero te apoyo. Es lo que deberíamos hacer todos".
- "¿Y por qué no lo haces?".
- "Porque si la hiciéramos todos, entonces me animaría, pero yo sola...Además, si ya no va a valer para nada y total...Para favorecer a los sindicatos que no han hecho nada por nosotros...".

Seguramente esta misma conversación la hayaís tenido esta semana en varias ocasiones. Y yo digo...

¿Es posible hacer una huelga general si no es convocada por sindicatos? ¿La huelga es contra una reforma laboral o contra unos sindicatos? ¿Desde cuándo este tipo de cosas se hacen para que valgan para algo y no por fidelidad a tu propia forma de pensar? ¿Desde cuándo nos importa lo que hagan los demás con sus ideas?

¿Sabeís que es lo grave? Haber llegado al punto de tener miedo, porque el miedo se tiene cuando ya se está dominado. Por desgracia, ya estamos dominados y bien atados.
Yo debo ser un pobre loco....Porque no tengo miedo, estoy en contra de los sindicatos que tenemos, me importa un cojón de pato lo que hagan los demás, puedo permitírmelo y, fundamentalmente, soy consecuente con lo que pienso. Yo mañana no entro a la "cinta transportadora" de la fábrica de producción.






"Una vez tuve esperanzas, pero a ellas renuncié" (Yosi Dominguez).

domingo, 11 de marzo de 2012

CANCIÓN DEL AMIGO MALKEDA

Una nota de humor hoy en el gatonocturno. Esto va dedicado a todos los amigos malkedas de la faz de la Tierra. La he improvisado en apenas 5 minutos, pero, a veces, las cosas espontáneas...¡Saben mucho mejor!



LA CANCIÓN DEL AMIGO MALKEDA


"Malkeda, malkeda, malkeda...
Contigo...¡Qué dura es la espera!

El amigo malkeda te usa a su conveniencia
siempre abusando de tu maltrecha paciencia.

¡No gastes ni un sólo céntimo en un sms al malkeda!
Ya usa wattssap, eres un amigo "caro" y de tí ni se entera.

Malkeda, malkeda, malkeda...
Contigo...¡Qué dura es la espera!

Amigo de categoría zero como la coca cola,
a veces pienso...¡Que se te pira la olla!

Si me dices que quedamos el finde,
¡Ya puedo esperar a que se apruebe la Ley Sinde!

Para él eres colega comodín
Hoy contigo, mañana sin tí

Malkeda, malkeda, malkeda...
Contigo...¡Qué dura es la espera!

Si una tía se acerca al amigo malkeda...
¡Ya puedes empezara pensar en cambiarte de acera!

A los quince, a los veinte o a los treinta.
¡Nunca cambiará este amigo malkeda!

No le cuentes tus problemas al amigo malkeda;
pues es lo mismo que querer bailar sin cadera.

Malkeda, malkeda, malkeda...
Contigo...¡Qué dura es la espera!

Así que al colega de copas, relega al banquillo
así, así, que se canse de esperar fumando un pitillo.

No esperes nada del colega de risas,
que siempre llegará tarde y con prisas.

Por tanto, amigo malkeda, yo te mato y te borro de mi vida,
a ver cuanto te dura la piva y me llamas para echar una birra.

Malkeda, malkeda, malkeda...
Contigo...¡Qué dura es la espera!"




sábado, 10 de marzo de 2012

LAS ILUSIONES TRUNCADAS

Oh, la, la...la vida: "Las ilusiones truncadas"


Hubo un tiempo en el que, cuando estudiaba para los exámenes de la carrera de Maestro de Educación Primaria, pensaba en que al final de aquel proceso yo sería un gran profesor y que cambiaría y revolucionaría la educación allá donde fuera. Por entonces, lo veía como una cuestión propia de la profesión docente. Aprendía muchas cosas que yo veía útiles para el ejercicio y, poco a poco, en definitiva, le iba cogiendo el gustillo a algo en lo que nunca pensé que llegaría a formarme, ni mucho menos algo de lo que terminaría trabajando.

El colegio marcó mi infancia en gran parte, como en la vida de muchas otras personas. Recuerdo que hubo un tiempo en el que los niños se contaban por treintenas en las aulas, a los maestros se les respetaba y, cuando alzaban la voz, el mundo parecía detenerse. Recuerdo que apenas mi madre tenía que ayudarme con los deberes, porque era obvio que aquello era cosa mía, acaso algo más con las dichosas Matemáticas, mi bestia negra, mi asignatura odiada.

Recuerdo que los niños eran crueles, que la mala baba y los abusos ya existían; pero nunca en el aula. El patio era un lugar en el que, como el Far West, tenías o no tenías unos privilegios, eras sheriff, bandido, valeroso pistolero, cow boy o prostituta. Había que lidiar con todo tipo de gamberros, pero también forcejear con el destino del niño que se empezaba a hacer adolescente, cuando llegaba a séptimo u octavo de E.G.B.

El futbol era el deporte de machos, las peleas estaban a la orden del día, pero también el despacho de Dirección, los castigos a mediodía en el aula o la biblioteca sin comer o por la tarde cuando ya nadie permanecía en el centro, salvo tu tutor.

Recuerdo que los deberes se hacían en la clase porque no había necesidad de hacer apenas nada fuera. Éramos gente del barrio, cuyas madres se conocían y se estrechaban los lazos de amistad. Venían a recogernos puntualmente cuando éramos pequeños y ya nos podíamos ir sólos cuando éramos mayores o quizás con alguno de los hermanos mayores.

Siempre había quejas de los niños hacia los profesores estilándose ya aquello de que "me tiene manía". Las familias acudían a las reuniones de padres en masa y siempre se aprovechaba para pegarle un tirón de orejas al profesor, quién nunca entraba en discordia con el padre o la madre, porque existía un respeto y un entendimiento mutuo.

Hubo un tiempo en que yo lo percibía de esta manera, incluso en mis prácticas de Magisterio en donde escogí la profesión docente como el gran objetivo a conseguir en mi vida.

Incluso hubo un tiempo en el que, después de vagar por los empleos más sórdidos, esperaba pacientemente a que se convocaran las oposiciones de mi especialidad, lo cual tardó en producirse años. Este fue el primer gran sinsabor de mi carrera profesional: Preparar unas oposiciones a Maestro de Infantil, alternativa natural al hecho mencionado.

Sin embargo y, pese a que la desesperanza de aquellos años ya hacía mella en mí, fue hace unos años cuando logré el objetivo y, en todo ese periplo, soñaba con todo lo que hubo un tiempo que viví: Sería profesor, tendría mi clase, ayudaría a la gente y difundiría la cultura para sentirme realizado y cambiar a la gente, para poder cambiar el mundo.

Hubo un tiempo en el que todo esto pasaba por mi mente...

Han pasado los años y no se me caen los anillos al decir que hay veces que hecho de menos aquellos trabajos sórdidos en los que no había que pensar demasiado, en los que se podía llegar, ejecutar tu labor y marchar a tu casa aunque, como en todo trabajo, siempre hubiera bocas que callar, mayormente la de tu jefe.






Aquello que yo creía, nada tiene que ver. Hoy estoy en las aulas y, pese a que ya haya pasado un tiempo desde que empezara, sigo fascinado con cómo han cambiado las cosas en tan sólo unos años. Admito que sigo sin asimilarlo....

No asimilo un sistema educativo anacrónico en el cual sigo viendo lo mismo que cuando era pequeño, metodologías trasnochadas para aprender contenidos no menos desfasados en el tiempo para aprender una cultura que alguien decidió que debía aprenderse no se sabe muy bien con qué finalidad funcional en plena época de cambio, en plena crisis económica, con una tasa de paro que estremece al más optimista. Ya no se podrá decir, pues, aquello de: "Estudia para ser alguien en la vida".

Dejando al margen cuestiones de sistema. Nos encontramos con el siguiente panorama:
Escuelas públicas para inmigrantes o gente de barrio sin recursos y escuelas concertadas y privadas para aquellos que se lo han podido permitir sin grandes sacrificios.
En este orden, las escuelas públicas luchan por no ser tan mediocres y las escuelas privadas matan por conseguir clientes prometiendo la enseñanza de un tercer o cuarto idioma, una amplia oferta de actividades extraescolares o un gran puesto en la prueba de CDI de sexto de Primaria.

Es tiempo de que los maestros en los colegios continuen dejándose la vida por alumnos y alumnas sin futuro, con una tasa de fracaso escolar escalofriante.

Y es que hoy el maestro, que ya ni siquiera es un profesor de Lengua y Matemáticas, que ya ni siquiera está especializado en aquello que imparte, puesto que es raro ver hoy en día tutores que no sean profesores de Música, Inglés, Educación Física, A.L o P.T...El profesor se dedica a batallar literalmente con gente atada a los respaldos de sus sillas, gente que ,hoy en día, no quiere estar en la escuela.

Ahora es tiempo de creernos los mejores, de entrar por la puerta a innovar creyéndose mejor que los demás o de seguir haciendo lo mismo de siempre, lo mismo que describía en los años de mi tierna infanci, para no llegar a nada o, mejor dicho, para llegar a lo mismo: A que los niños fracasen escolarmente.
Hoy los colegios son edificios-aparcaniños destinados a hacer la vida más "fáciles" a padres que nunca debieron tener esos hijos, sencillamente porque demuestran diariamente que no los quieren: No viniendo a recogerlos a tiempo o, ni siquiera, a recogerlos, no acudiendo a las reuniones de padres, enfrentándose con sus maestros, destruyendo en casa los pequeños castillos de arena que en la escuela se contruyen, fomentando la negra envidia de esta sociedad hacia el funcionariado docente....Afortunadamente no es la regla general, pero, ni siquiera, nunca debió ser una excepción, o una serie de excepciones, que, cada vez, se dan más y más en las escuelas de hoy.

Y Digo lo de hacer la vida más fácil, porque ya ni siquiera nuestra maltrecha y mamoneada Educación Primaria, caricatura de la bendita E.G.B (que ya sabemos que no funcionaría hoy tampoco, pero no por ello vamos a dejar de beatificarla), ni siquiera esta etapa sirve para lograr un título en el país de la titulitis ("Hazte con todos", como los Pokemon, "si tienes dinero para pagarte un grado o master", añado yo).
Además, sin séptimo y octavo de E.G.B, la magia de la preadolescencia queda para la escuela secundaria, el Instituto, incapaz hasta la fecha de poder gestionar las necesidades de estos alumnos.

Los llaneros solitarios, a tiros entre ellos mismos, van todos los días a un aula a una batalla sin cuartel a mandar callar a niños insolentes, maleducados, sin valores, con problemas emocionales de tal calibre, que necesitárase un gabinete psicológico personal para cada uno de ellos amen de tal nivel curricular derivado del crisol de contextos de los que provienen los chicos, imposible de compensar.

La inmigración, la escuela multicultural....¡Esa gran patraña! Siempre he dicho que el concepto en sí es altamente interesante, pero su puesta en práctica ha sido desastrosa. ¿Qué multiculturalidad va a existir en escuelas públicas en las que precisamente lo que faltan son españoles, porque están en la concertada o en la privada? ¿Qué tipo de inmigración recibimos en España? ¿Es la misma inmigración de Inglaterra, por ejemplo? ¿De qué sistemas educativos vienen esos niños? Hoy negar que la multiculturalidad en España ha conducido al fracaso al sistema educativo es ir de guay, cuando de lo que se trata es de ser realista y aceptar que esa es una de las causas, de las muchas causas y en este argumento no hay absolutamente ningún tinte racista.

Poner más horas de refuerzo, más compensatoria, más programas PROA...Es invertir dinero en algo muy grande, que es conceder oportunidades para todos, es atender a la diversidad, pero sin grandes resultados, que es lo que parece pedir la administración educativa.

¿No será cosa de que el sistema ha fracasado hace ya unos cuantos años? No será que en los tiempos del wattssap y del IPad se está enseñando una cultura ancestral (que alguien decidió que debía estudiarse) con los medios y las mentalidades de aquellos años de "Hubo un tiempo en que...".






Hoy los alumnos no tienen ni espíritu. Un sexto de Primaria es como arrastrar un burro tozudo que no quiere andar a primera hora de la mañana (se acuestan a las mil), ya ni siquiera tienen ganas de pegarse en el patio, ya se pegan verbalmente en el aula insultándose, faltándose al respeto entre ellos o, lo que es peor, lo hacen los padres a la puerta de los colegios, eso cuando no toca despellejar al maestro en el corrillo de turno.

El respeto a los profesores se ha perdido coincidiendo con la pérdida de valores. Por cierto, no se hable de valores en la escuela, porque eso es adoctrinar...¿Para cuándo una educación emocional en la escuela entonces? ¿Para nunca?

El intervencionismo de las administraciones no ha hecho más que empeorar las cosas. Todo lo que tocan los no entendidos en educación, partiendo de que hay pocos entendidos en educación, se fragmenta y acaba por partirse en mil pedazos.

Los colegios de hoy tienen unas instalaciones del siglo pasado, con profesores ninguneados, mal pagados y mal vistos que no son especialistas en las materias que imparten (desaguisado que intenta paliar ahora el Plan Bolonia), con un milllonario plan de bilingüismo metido con calzador, unos decretos que minan la Ley educativa de turno, una paupérrima inversión en recursos y una inexistente formación en I+D educativa, llave para la actualización del anacrónico sistema. La administración ha creado unos reinos de Taifas en los que nadie se entiende y todos se miran el ombligo buscando salvar el pellejo, los propios profesores, prestándose ahora a morderse los unos a los otros en los deplorables procesos de acceso a la función pública docente o alimentando el negocio de las universidades privadas con menciones o habilitaciones que intentan cortar por el mismo patrón a todo el profesorado estudiara lo que en su día decidiera estudiar primando ahora sólo la cantidad de diplomas que tenga y no su talento para la enseñanza.

En tal panorama, alguien como yo ha decidido que esto no es lo suyo. Tal vez no dentro de diez años siquiera, pero he decidido no alimentar este asqueroso presente y seguir viviendo de un pasado que, no sé si fue mejor, pero sí más ordenado, pues, es seguro que podríamos cambiar el sistema, pero también es seguro que no hay voluntad política cuando el axioma del que partimos es que interesa tener una sociedad que no piense, para que no actue (si no....¿Qué extraño interés hay en las juntas de evaluación para que pasen o no repita alumnos que todos sabemos que no son competentes?).

No sé por cuanto tiempo seguiré en la enseñanza. Tengo claro que yo no alimento una maquinaria oxidada que todos nos empeñamos en seguir haciendo funcionar, cuando todos sabemos que ya no funciona. Yo no soy brazo ejecutor de la ignorancia colectiva ni soy escudo de la ira encubierta de mis alumnos, quienes, en buena lógica, no quieren estar allí, en la escuela de hoy, y no escapan porque la puerta está cerrada, como cerrado están los curriculum, los programas educativos y los portones de acceso a la administración para decir "¡Ey, esto va mal!" y cuyos guardianes son, bajo cuerda, los Equipos Directivos en muchos de los casos.

Tal vez si algún día se abrieran las puertas al cambio...

Tengo claro que no me equivocaba de profesión, la más bonita del mundo, me equivocaba de época: O bien un reciente pasado en el que las cosas tenían un orden o bien un futuro en el que muchos sabemos como podrían cambiar las cosas, pero otros siguen dispuestos a imponer su dogma, mientras las urnas les sigan dando "la razón".

Por todo ello, siento que mis ilusiones se encuentran truncadas....