viernes, 19 de diciembre de 2014

Poeta como tú: "Culminación de la metamorfosis".



CULMINACIÓN DE LA METAMORFOSIS
(ahora soy el hombre)



Estoy en el medio de la nada,
flotando en una nube,
apuntando al centro del anillo
que dejan dos árboles
separados, pero no enfrentados.

Sé que puedo ser mejor, pero no lo veo
no lo quiero ver, sé que soy único
y perdido entre la gente allí en la gris ciudad,
solo me importa lo que tiene que ver conmigo
dándole la razón y otorgándoles el triunfo
que a la larga he obtenido yo.

Mirando al otro lado del charco, 
me resigno mirando la victoria llegar
a lo lejos, escondido debajo de un madero
escuchando el viento ulular, la sangre que corre por el río.
Puede ser único esta vez, puede ser que llega lo nuevo
y váyase lo viejo.

Y sonríe ella al aparecer, y yo la ignoro y me hago el duro,
pero las rosas que pongo en su cama están húmedas
de frescura y huelen al prado
cuya hierba piso acechando, controlando y vigilando.
Y las palabras que no digo ahora son más valiosas.
Y la mirada de rechazo provoca otras fuertes emociones
que desconozco y poco me importan.

Y me encierro en mi habitación
escuchando el alma de los negros,
sintiendo el latir de los rascacielos
retumbando en mi interior
y el fragor de la batalla liberada
disfrutando de recoger los restos
y pacer con el excitante hierro
entre los brazos y calmoso mi interior.

Enrollarme en una limpia melena,
sentir el tacto que despierta la fiera dormida.
Y yo me pregunto dónde ha estado todo este tiempo
si no ha sido siempre dentro de mi cabeza,
si no ha estado secuestrada y detenida,
enzarzada entre las ramas puntiagudas.
Y me enrollo en la mañana entre las sábanas,
porque vuelvo a ser el hombre.

Y puedo salir al jardín y hablar con los vecinos
o arrodillarme en un rincón sin entender
cómo he podido llegar hasta allí.
Entonces me tumbo y miro el techo blanco
y mi corazón palpita, y hecho de menos
lo que fui.
Pero sé que es lo que quiero, es el despegar...
El camino de regreso es largo
y la carretera serpentea
a mis manos.

Y ella me despierta con un beso de buenos días
entre blancura y olor a café y tostadas.
Y vuelvo a pisar el verdor húmedo
y a imaginar las olas azules celeste,
a columpiarme entre los dos árboles,
me cuelo entre los robles,
paseo por el pinar
y al final estoy entre la multitud.

Ahora soy el hombre,
ahora me creo que lo soy.
Y los faroles rojos del metro,
y las luces de los semáforos,
y la fina lluvia mezclada con el olor a polución...
Ella me espera y encuentro la humedad en mi colchón
y la soledad en blanco, el sueño que me hace sonreír.
Y espero a la mañana siguiente
para que entren los primeros rayos del sol
y vuelva a ser el hombre,
el que abrace a su almohada
y se levante con ella de la cama
mirando a través de la ventana
el amanecer a través del bosque fresco
y el sabor amargo del tráfico
que dejo atrás
serpenteando
de un lado
al otro.
Ahora soy el hombre.







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